domingo, 10 de abril de 2011

URGENTE: SÓLO ALGUNAS RAZONES POR LAS CUALES LOS PERUANOS NO DEBEMOS VOTAR POR KEIKO FUJIMORI

Sinceramente no me resulta cómodo publicar el siguiente artículo, no solo a la razón que este es un espacio para la difusión de la cultura, sino también porque me resulta verdaderamente enojoso recordar y hacer recordar momentos de infamia que sufrimos los peruanos en la década del noventa y a inicios de la primera década del 2000, no obstante, como todo ciudadano responsable y con memoria, creo que es necesario levantar la voz contra el riesgo al que nuevamente estamos expuestos debido a la preterición de muchos conciudadanos al apoyar a un clan que fue y es motivo de deshonra y oprobio, como lo es la familia Fujimori y todos sus secuaces, sí, esos que nos gobernaron durante la última década del 900 y que pretenden volver hacerlo. Por ello esgrimo solo algunas de las muchas razones del porqué los peruanos ya no debemos volver a cometer los errores del pasado:  

  1. Keiko Fujimori niega que su padre sea responsable penalmente por los ilícitos que lo han llevado a ser sentenciado. Ello es contradictorio con lo que ella siempre sostiene, esto es, que Montesinos “fue una mala influencia” para su padre. No hay forma alguna de afirmar que Montesinos “fue mala influencia” o “hizo daño”, excepto si se sabe –como ella lo sabía desde su puesto de primera dama- que era el gobierno en su conjunto el que estaba corrompido hasta el tuétano por obra y gracia de su progenitor el súbdito japonés.
  2. Keiko Fujimori hizo gala de un siniestro mutismo frente a la podredumbre en medio de la cual vivió, se alimentó y educó. No olvidemos que tanto ella como sus hermanos fueron los principales beneficiarios de la corrupción que su progenitor engendró, sino cómo es que el súbdito japonés solventó el estudio de todos sus vástagos en el extranjero y ¡ojo! este punto aun no lo ha logrado justificar.
  3. Keiko Fujimori no está en condiciones de representar por mérito propio, un mensaje político de trabajo, esfuerzo y renovación del Fujimorismo. Su producción y actuación desde su curul en el hemiciclo es mediocre, anodina e insignificante y lo único que justifica el puesto que tiene es el ser la hija del ex presidente.
  4. El país entero fue testigo de cómo la madre de Keiko fue humillada, vejada y reducida a una voz solitaria e impotente cuando como toda mujer decente, denunció que los parientes de su esposo se apropiaban de la ropa donada cuyo destino era para los más pobres. El Perú entero vio como dicha mujer fue despojada del apoyo de sus hijos, quienes prefirieron hacer causa común con su padre y vivir la vida que vivieron, con los recursos cuyo origen ya ha sido desentrañado. Esa mujer que fue incapaz de un gesto solidario para con su madre, hoy día pretende decirnos a nosotros los peruanos, que ella es un “nuevo fujimorismo”, una “nueva vertiente”, como si los peruanos fuéramos oligofrénicos que olvidamos los actos de abuso contra su señora madre Susana Higuchi, vejaciones ante las cuales la candidata presidencial se mantuvo impertérrita. A partir de eso nos preguntamos ¿Así pretende defender a las mujeres que son víctimas de la violencia física y psicológica de la que son víctimas?
  5. Quien vote por Keiko está votando por la hija de quien de modo público, contumaz y abyecto rechazó la nacionalidad peruana. Keiko evade dicha actuación de su progenitor el súbdito japonés.
  6. Keiko no puede sostener que ella representa un “fujimorismo de nuevo cuño” cuando precisamente, basta revisar a todas las figuras que ha agrupado tras de ella. Todos aquellos que participaron y nutrieron sus arcas en la década infame, han vuelto, algunos con la insolencia de siempre como Luz Salgado, Martha Chávez, Carmen Losada entre otros, que indudablemente regresan con la voracidad de una piraña para destazar y desangrar a nuestro Perú como ya lo hicieron durante toda la década del noventa.
Conocedores que somos un país subdesarrollado y que parte de nuestra limitación es la calidad de nuestros políticos, los peruanos debemos comprometernos a que la emisión de nuestro voto en modo alguno implique una carta en blanco, una autorización a ciegas hacia el elegido. Nuestra historia nos enseña que nunca más debemos cerrar los ojos hacia el manejo del patrimonio público y que cualquiera que sea el sentido de nuestro voto, debemos unirnos a los conciudadanos que hayan optado por un candidato distinto al nuestro si es que comprobamos que en algún caso se detecta razonables indicios de corrupción y negociados. Si hay una idea con la cual debemos casarnos los electores es con la demanda de transparencia, control, división de poderes, respeto al medio ambiente, vigencia de los derechos humanos y de la libertad de expresión y de prensa y llevar adelante una radical y auténtica reforma educativa.

Finalmente, a los más jóvenes que frisan la mayoría de edad y los no tan jóvenes como nosotros que han perdido la memoria, recuerden los asesinatos de La Cantuta y Barrios Altos, la tortura a la agente Leonor La Rosa, y como el regalo de un kilometro cuadrado de nuestro territorio a Ecuador. Por todo ello, tengamos presente este apotegma: UN PUEBLO QUE NO APRENDE DE SU HISTORIA, ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA.

Y sin caer en injurias y con las disculpas de las víctimas del desastre japonés, creemos que el lugar ideal en el que todo el clan Fujimori debería estar es en la planta nuclear de Fukushima, tal vez inmolándose o por qué no haciéndose el harakiri logren redimir parte de sus afrentas cometidas contra nuestro bienamado país.

No hay comentarios:

Publicar un comentario