domingo, 10 de abril de 2011

URGENTE: SÓLO ALGUNAS RAZONES POR LAS CUALES LOS PERUANOS NO DEBEMOS VOTAR POR KEIKO FUJIMORI

Sinceramente no me resulta cómodo publicar el siguiente artículo, no solo a la razón que este es un espacio para la difusión de la cultura, sino también porque me resulta verdaderamente enojoso recordar y hacer recordar momentos de infamia que sufrimos los peruanos en la década del noventa y a inicios de la primera década del 2000, no obstante, como todo ciudadano responsable y con memoria, creo que es necesario levantar la voz contra el riesgo al que nuevamente estamos expuestos debido a la preterición de muchos conciudadanos al apoyar a un clan que fue y es motivo de deshonra y oprobio, como lo es la familia Fujimori y todos sus secuaces, sí, esos que nos gobernaron durante la última década del 900 y que pretenden volver hacerlo. Por ello esgrimo solo algunas de las muchas razones del porqué los peruanos ya no debemos volver a cometer los errores del pasado:  

  1. Keiko Fujimori niega que su padre sea responsable penalmente por los ilícitos que lo han llevado a ser sentenciado. Ello es contradictorio con lo que ella siempre sostiene, esto es, que Montesinos “fue una mala influencia” para su padre. No hay forma alguna de afirmar que Montesinos “fue mala influencia” o “hizo daño”, excepto si se sabe –como ella lo sabía desde su puesto de primera dama- que era el gobierno en su conjunto el que estaba corrompido hasta el tuétano por obra y gracia de su progenitor el súbdito japonés.
  2. Keiko Fujimori hizo gala de un siniestro mutismo frente a la podredumbre en medio de la cual vivió, se alimentó y educó. No olvidemos que tanto ella como sus hermanos fueron los principales beneficiarios de la corrupción que su progenitor engendró, sino cómo es que el súbdito japonés solventó el estudio de todos sus vástagos en el extranjero y ¡ojo! este punto aun no lo ha logrado justificar.
  3. Keiko Fujimori no está en condiciones de representar por mérito propio, un mensaje político de trabajo, esfuerzo y renovación del Fujimorismo. Su producción y actuación desde su curul en el hemiciclo es mediocre, anodina e insignificante y lo único que justifica el puesto que tiene es el ser la hija del ex presidente.
  4. El país entero fue testigo de cómo la madre de Keiko fue humillada, vejada y reducida a una voz solitaria e impotente cuando como toda mujer decente, denunció que los parientes de su esposo se apropiaban de la ropa donada cuyo destino era para los más pobres. El Perú entero vio como dicha mujer fue despojada del apoyo de sus hijos, quienes prefirieron hacer causa común con su padre y vivir la vida que vivieron, con los recursos cuyo origen ya ha sido desentrañado. Esa mujer que fue incapaz de un gesto solidario para con su madre, hoy día pretende decirnos a nosotros los peruanos, que ella es un “nuevo fujimorismo”, una “nueva vertiente”, como si los peruanos fuéramos oligofrénicos que olvidamos los actos de abuso contra su señora madre Susana Higuchi, vejaciones ante las cuales la candidata presidencial se mantuvo impertérrita. A partir de eso nos preguntamos ¿Así pretende defender a las mujeres que son víctimas de la violencia física y psicológica de la que son víctimas?
  5. Quien vote por Keiko está votando por la hija de quien de modo público, contumaz y abyecto rechazó la nacionalidad peruana. Keiko evade dicha actuación de su progenitor el súbdito japonés.
  6. Keiko no puede sostener que ella representa un “fujimorismo de nuevo cuño” cuando precisamente, basta revisar a todas las figuras que ha agrupado tras de ella. Todos aquellos que participaron y nutrieron sus arcas en la década infame, han vuelto, algunos con la insolencia de siempre como Luz Salgado, Martha Chávez, Carmen Losada entre otros, que indudablemente regresan con la voracidad de una piraña para destazar y desangrar a nuestro Perú como ya lo hicieron durante toda la década del noventa.
Conocedores que somos un país subdesarrollado y que parte de nuestra limitación es la calidad de nuestros políticos, los peruanos debemos comprometernos a que la emisión de nuestro voto en modo alguno implique una carta en blanco, una autorización a ciegas hacia el elegido. Nuestra historia nos enseña que nunca más debemos cerrar los ojos hacia el manejo del patrimonio público y que cualquiera que sea el sentido de nuestro voto, debemos unirnos a los conciudadanos que hayan optado por un candidato distinto al nuestro si es que comprobamos que en algún caso se detecta razonables indicios de corrupción y negociados. Si hay una idea con la cual debemos casarnos los electores es con la demanda de transparencia, control, división de poderes, respeto al medio ambiente, vigencia de los derechos humanos y de la libertad de expresión y de prensa y llevar adelante una radical y auténtica reforma educativa.

Finalmente, a los más jóvenes que frisan la mayoría de edad y los no tan jóvenes como nosotros que han perdido la memoria, recuerden los asesinatos de La Cantuta y Barrios Altos, la tortura a la agente Leonor La Rosa, y como el regalo de un kilometro cuadrado de nuestro territorio a Ecuador. Por todo ello, tengamos presente este apotegma: UN PUEBLO QUE NO APRENDE DE SU HISTORIA, ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA.

Y sin caer en injurias y con las disculpas de las víctimas del desastre japonés, creemos que el lugar ideal en el que todo el clan Fujimori debería estar es en la planta nuclear de Fukushima, tal vez inmolándose o por qué no haciéndose el harakiri logren redimir parte de sus afrentas cometidas contra nuestro bienamado país.

viernes, 8 de abril de 2011

MACHU PICCHU: EL DESCUBRIMIENTO

El 24 de julio de 1911 es la fecha del "descubrimiento" de Machu Picchu, por el aficionado a la arqueología y explorador norteamericano Hiram Bingham. Años antes, Bingham se interesó en las leyendas tejidas en torno a la llacta de Vitcos o Viticos, el último refugio de los incas rebeldes a los españoles en la selva de Vilcabamba, narradas de forma épica por cronistas de esa época. En 1906 realiza un viaje por la ruta Buenos Aires - Cusco, antiguo derrotero comercial durante la colonial. Llegando a esta última ciudad se reencuentra con su interés por la legendaria ciudad Inca (Vitcos) y el valle de Vilcabamba. Emprende viaje a la ciudad de Abancay, entrada natural a esa parte de la selva donde supuestamente estaría Vitcos. Allí es informado de la existencia de una ciudad perdida en el "monte" (selva escarpada). Emprende viaje, y los guías locales lo llevan a unas imponentes ruinas que ahora conocemos como Choquequirao. Bingham no se dejó impresionar, la Vitcos de sus sueños debía ser más imponente aún. Regresa a los Estados Unidos, entusiasmado por el descubrimiento a reunir fondos para continuar con sus exploraciones, logrando conseguir el apoyo de la National Geografic Society y la universidad de Yale, además de dinero entregado por amigos y familiares. Encontrar Victos ya no era solo un interés académico, era una empresa bien planificada.
En enero de 1911, el Sr. Braulio Polo y la Borda, propietarios de la hacienda Echarati, en la localidad de Mandor, provincia de la Convención, departamento de Cusco, tiene como invitado al Sr. Giesecke, por entonces rector de la Universidad San Antonio Abad del Cusco, a quien le cuenta que toda la zona estaba plagada de ruinas incas (una de ellas, era Machu Picchu). Giesecke, conocedor del interés de Bingham, le escribe, contándole sobre este hecho. Un dato a tomar en cuenta es el libro escrito por el inglés Charles Wiener en 1880: “Pérou et Bolivie : Récit de voyage suivi d'études archéologiques et etnographiques et notes sur l'écriture et les langues des populations indiennes”, en donde consigna un mapa con los topónimos de Machu Picchu y Huayna Picchu.
En 1911 Bingham llega al valle de Vilcabamba, pasa por Mandor y contrata los servicios del guía local Melchor Arteaga. El 24 de julio guidado por Arteaga y un sargento de la policía apellidado Carrasco Hiram Bingham llega a lugar donde se encontraban establecidas las casas de Melquiades Richarte y Anacleto Álvarez, quienes eran los jefes de las únicas dos familias que habitaban en Machu Picchu. Finalmente el hijo de Richarte lleva al forastero Bingham a la cima del cerro llamado Machu Picchu, donde está la fabulosa llacta inca de Picchu. Bingham la bautizó con el mismo nombre del cerro que la cobijaba y no tuvo dudas que ésta, si era la legendaria Vitcos. Al poco tiempo da cuenta de su descubrimiento.

Luego de este primer contacto con Machu Picchu, Bingham se comunica con Giesecke, quién cuenta el acontecimiento a José Cosio, Secretario de la Universidad San Antonio Abad del Cusco y catedrático de la Facultad de Letras, quien le sugirió organizar una expedición comprobatoria. Este último se comunicó con Enrique Palma, el que le refirió haber visitado Machu Picchu 10 años antes (1902). Partieron en una expedición llegando al lugar el 18 de enero de 1912, encontrando la inscripción que Palma había dejado como recuerdo de su estadía. Este refirió que en aquella vez encontraron un arrendatario apellidado Meza cultivando en chacras y andenes del sitio arqueológico. Dijo pagar la suma de 12 Soles de Oro al propietario de la Hacienda Cutija. En 1912 los arrendatarios de esas mismas tierras eran los Señores Arteaga y Lizárraga, siendo el primero el que guió a Bingham en 1911.

Encontrado Machu Picchu, la Vitcos de sus sueños, Bingham contrata en los Estados Unidos a una plana de arqueólogos y antropólogos entre los que destaca ingeniero Ellwood C. Erdis, quien dirigió las excavaciones; y el médico y osteólogo de la Universidad de Yale, el doctor George F. Eaton. Con los auspicios del Gobierno del Perú de esos años, y dando clara muestra de su desinterés por el pasado incaico, dan permiso a la expedición de llevar a los Estados Unidos los objetos que se encontraran durante los trabajos de esa temporada. En algún momento los trabajos de excavación resultaron ser infructuosos, por ello Bingham ofreció una recompensa pecuniaria para los que dieran noticia de los lugares exactos donde habían entierros, Melquiades Richarte y Anacleto Álvarez volvieron al campamento con datos precisos de los lugares donde se hallaban enterrados los antiguos habitantes de Machu Picchu. Así, descubrieron sucesivamente hasta 107 tumbas, de las cuales las primeras 52 fueron exhumadas bajo la dirección del doctor Eaton, y las 55 restantes bajo la exclusiva responsabilidad de Richarte y de Álvarez.

Tanto Bingham como Eaton publicaron sendos informes sobre sus trabajos y otros miembros del equipo de expertos -Mathewson, quien se ocupó del análisis metalográfico de los objetos de metal; Isaiah Bowman, quien hizo la investigación geomorfológica y geológica del sitio; O. F. Cook, quien se encargó del estudio botánico; el médico William Erving, y el geólogo Herbert Gregory- entregaron valiosos aportes del primer proyecto multidisciplinario que se hizo en América.

NOMBRES OFICIALES DE LOS AÑOS EN EL PERÚ

La denominación de los años es fijada por la Presidencia del Consejo de Ministros en los primeros días del año. Esta denominación muchas veces obedece a los principios de la política del Gobierno, que hay que incentivar, motivar o impulsar.
La denominación del Año es escogida de todas las propuestas que hacen los Ministerios y deberá ser aprobada por Decreto Supremo y publicada en el diario oficial El Peruano.
Durante el año se consignará dicha frase en los documentos oficiales, también es requisito para la documentación que gestionan las personas naturales y jurídicas, sean de tipo administrativo, judicial y registral, entre otras.
Los poderes públicos, las entidades del Gobierno Central Gobiernos regionales y Gobiernos Locales deberán consignar dicho título como membrete en todos los documentos oficiales.
La denominación del Año se ampara en la Constitución, artículo 118. Inciso 24.
Anteriormente está denominación la hacía el Ministerio de Educación, es así, que el hábito de ponerle nombre a los “años”, se habría iniciado el 7 de diciembre de 1962, cuando el Ministerio de Educación Pública dictó el Decreto Supremo 067 estableciendo que el año 1963 sería el Año de la Alfabetización. En la disposición se precisaba que se entendía como analfabeta no solo a la persona sin dominio de la lectura y la escritura, sino también a la que carecía de mínimos conocimientos sobre alimentación, higiene, salud, civismo, habilidades para el trabajo y la recreación, etcétera.
En realidad en el decreto se esbozaba todo un plan de actividades (crear una comisión especial, publicar una enciclopedia popular, formar capacitadores) a cumplir durante los siguientes doce meses.
Hay varios puntos a considerar en el tema de los nombres de cada año. Uno es que varias veces se han repetido los temas (austeridad, educación, turismo), los personajes (Santa Rosa de Lima) y los motivos (sesquicentenarios, natalicios).
Otro aspecto es que no hay una regla clara ni pasos específicos que se hayan seguido a lo largo de casi cuatro décadas para denominar los años. Es así como después del decreto supremo para estrenar la práctica se pasó al consenso legislativo, de tal suerte que fuera a través de leyes como se produjeran los bautizos.
Fue el caso de 1964, Año de la Enseñanza Gratuita, que tuvo su origen en un proyecto conjunto del diputado y reconocido escritor Ciro Alegría Bazán (Acción Popular), el senador David Aguilar Cornejo (Unión Nacional Odriista) y el diputado Miguel López Cano (Apra). Su propuesta pasó por la Comisión de Redacción del Parlamento, se aprobó en ambas cámaras y se promulgó el 3 de marzo de ese mismo año.
Durante el Gobierno militar del general Juan Velasco, los nombres pasaron a ser dictados a través de decretos leyes, primero, y resoluciones supremas, después. Con el retorno de la democracia, volvieron las leyes, con excepción de 1988 en que Alan García prefirió usar la vía de un decreto supremo para el Año de la Regionalización.
Hay dos años en que no hubo nominación y fueron los años 1969 y 1998, pero también se nominó el año con fechas de atraso, por ejemplo, en 1970 la medida fue dictada un 07 de abril y fue el Año de los Precursores de la Independencia del Perú, y en 1997 se dictó el 25 de marzo de 1997 y fue el Año de la Reforestación, pero también se nominó con anticipación y fue en 1971 Año del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, conocido desde el 16 de setiembre de 1969 por el Decreto Ley 17815; e igualmente con la Ley 23675, que nominaba el año 1985 Año del Centenario del Sacrificio de Daniel Alcides Carrión.
Tampoco están definidos los alcances de cada norma. Al comienzo, solo se hacía referencia a que todas las entidades del Estado precederán sus comunicaciones con la inscripción Año de.... Más tarde la imposición se extendía a los textos y los cuadernos escolares y las comunicaciones comerciales, con el añadido de que el nombre debía ir en la parte alta y al centro. Posteriormente se hablaba de la documentación oficial del Gobierno Central y los gobiernos locales, así como las publicaciones destinadas a la comunicación social. Hoy, la referencia única es a todos los documentos oficiales. (Fuente: Biblioteca CID, MTC)
A continuación una descripción cronológica pormenorizada de las nominaciones de los años en nuestro país:

DÉCADA DEL SESENTA.
1963: Año de la alfabetización.
1964: Año de la enseñanza.
1965: Año del niño.
1966: Año de los vencedores del 2 de mayo.
1967: Año de Santa Rosa de Lima.
1968: Año de los Derechos Humanos.
1969: No hubo nombre.

DÉCADA DEL SETENTA.
1970: Año de los precursores de la independencia del Perú.
1971: Año del sesquicentenario de la Independencia Nacional.
1972: Año de los censos nacionales.
1973: Año de las 200 millas del mar territorial.
1974: Año del sesquicentenario de las batallas de Junín y Ayacucho y de la convocatoria al Congreso de Panamá.
1975: Año de la mujer peruana.
1976: Año de la producción.
1977: Año de la unión nacional.
1978: Año de la austeridad.
1979: Año de nuestros héroes de la Guerra del Pacífico.

DÉCADA DEL OCHENTA.
1980: Año de los deberes ciudadanos.
1981: Año del bicentenario de la rebelión emancipadora de Túpac Amaru y Micaela Bastidas.
1982: Año de los derechos del minusválido.
1983: Año del bicentenario del nacimiento del libertador Simón Bolívar.
1984: Año de sesquicentenario del natalicio del almirante Miguel Grau.
1985: Año del centenario del sacrificio de Daniel Alcides Carrión.
1986: Año del cuatricentenario del nacimiento de Santa Rosa de Lima.
1987: Año del bicentenario del nacimiento de Don José Faustino Sánchez Carrión.
1988: Año de la regionalización.
1989: Año del 450 aniversario del nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega.

DÉCADA DEL NOVENTA.
1990: Año del centenario del fallecimiento del sabio Antonio Raimondi.
1991: Año de Austeridad y de la Planificación Familiar.
1992: Año de César Vallejo y del encuentro de dos mundos.
1993: Año de la modernización educativa.
1994: Año de la modernización educativa y del deporte.
1995: Año de las inversiones productivas.
1996: Año de los seiscientos mil turistas.
1997: Año de la reforestación: Cien millones de árboles.
1998: No hubo nombre.
1999: Año de la actividad turística interna.

PRIMERA DÉCADA DEL DOS MIL.
2000: Año de la lucha contra la Violencia Familiar.
2001: Año de la Conmemoración de los 450 años de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
2002: Año de la Verdad y la Reconciliación Nacional.
2003: Año de los Derechos de la Persona con Discapacidad.
2004: Año del Estado de Derecho y de la Gobernabilidad Democrática.
2005: Año de la Infraestructura para la Integración.
2006: Año de la Consolidación Democrática.
2007: Año del Deber Ciudadano.
2008: Año de las Cumbres Mundiales en el Perú.
2009: Año de la Unión Nacional frente a la Crisis Externa.

SEGUNDA DÉCADA DEL DOS MIL.
2010: Año de la Consolidación Económica y Social del Perú.
2011: Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo.

jueves, 7 de abril de 2011

CHOCANO, EL CANTOR DE AMÉRICA

José Santos Chocano Gastañodi conocido como «El Cantor de América», nació el 14 de mayo de 1875 en Lima. Según investigaciones de Luis Alberto Sánchez el verdadero apellido del poeta no era simplemente Chocano sino Moreno Chocano, pues su abuelo se llamaba José Santos Moreno Chocano y Fernández Cornejo; pero su padre, José Félix, omitió el primero de sus apellidos para llamarse simplemente José Félix Chocano y Zela. Este era nieto del prócer peruano Francisco Antonio de Zela, quien diera en Tacna el primer grito de independencia del Perú. La madre, María Aurora Gastañodi de la Vega de Chocano, fue una dama nacida en Otuzco (Trujillo), hija de un acaudalado minero que luego perdería sus propiedades.

José Felix Chocano y de Zela. Padre del poeta. Capitán de ejército, nació en Tacna en 1837; falleció en Lima en 1909.
La familia vivía en una casa de la calle Argandoña 27, altos, hoy perteneciente al jirón Cailloma, a dos cuadras de Palacio de Gobierno y a una de la iglesia de Santo Domingo.
Entre los 9 y 11 años, Chocano cursó estudios en el Instituto de Lima, también llamado Colegio Alemán. Este lapso abarca de 1994 a 1886. A los 11 años pasa al Colegio de Lima, donde tuvo por condiscípulos, entre otros, a Luis Aurelio Loayza, Clemente Palma y Alberto L. Sánchez, padre de su biográfo Luis Alberto Sánchez. El jovencito ya daba muestras de inquietud intelectual; dirigía revistas, organizaba certámenes, y sus compañeros lo apodaron "Chocráneo" por su brillante personalidad.

María Aurora Gastañodi. Nació en Otuzco (Trujillo), hija de don Pedro Gastoñodi, minero español y de doña Aurora de La Vega oriunda de Trujillo. Faleció en Lima en 1931.

 
Es en 1891 que ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde permanece apenas dos años en la Facultad de Letras. El joven universitario colabora en la revista "El Perú Ilustrado", a la que dirigió por corto tiempo cuando aún no había cumplido los 16 años.
Entre 1893 y 1894 Chocano colabora en "La Tunda", periodiquito de clara tendencia antimilitarista. Eran los años de los peores conflictos políticos que ha sufrido nuestro país en el siglo pasado: "La Tunda" fue clausurado y el poeta puesto en prisión. Durante seis meses permaneció en las mazmorras de la Fortaleza del Real Felipe del puerto del Callao, de las cuales salió triunfante al ser derrocado el general del ejército peruano Andrés Avelino Cáceres Dorregaray. Una junta de gobierno, presidida por Manuel Cándamo Iriarte, asume le gobierno y convoca a las elecciones en que sale ungido como presidente constitucional Nicolás de Piérola Villena. El poeta vive su primera hora de triunfo. Con apenas 20 años es nombrado secretario de Cándamo y luego pasa en serlo de Elías Malpartida, ministro de Hacienda. Luego lo nombran director del Diario Oficial "El Peruano", donde aprovecha para editar sus dos primeros libros. Estos son "Iras Santas, Poemas americanos", impreso en tinta roja; y "En la Aldea, Poesías Americanas", en tinta azul. Un año después, cuando tiene 21 y goza ya de renombre, se lanza a la producción teatral con el drama "Sin nombre", que es un completo fracaso.
Estos dos primeros volúmenes así como el tercero: "Azahares", publicado en 1896, contienen poemas de escasa calidad que más tarde Chocano suprime de su antología.
Aún no ha cumplido los 21 años cuando contrae matrimonio con una joven de 17, Consuelo Bermúdez Velásquez, el año de 1897. Después de la luna de miel reanuda su activa vida literaria. Y lleva adelante además el primero de sus muchos proyectos utópicos: viaja a la selva con el objetivo de establecer un negocio de café. El poeta llama a éste "el viaje de Simbad". "Simbad influyó en mi vida tanto como Aladino en mi arte", declara, y Luis Alberto Sánchez extrae de esta frase el título de la biografía de Chocano: "Aladino, o vida y obra de José Santos Chocano". Naturalmente, el negocio fracasó.
En 1896 el poeta lanza su poemario "Selva Virgen", que es recibido con buena crítica; pero su verdadera consagración ocurre tres años después, al triunfar en sendos concursos de ´poesía con "La Epopeya del Morro" y "El Derrumbe". Ese mismo año de 1899 se estrena "Vendimiario", un drama en tres actos, que recibió crítica adversa.
José Santos Chocano a estas alturas es ya un poeta consagrado, adulado por la sociedad y con fama continental.
Por aquellos días se encontraba en su apogeo el conflicto jurídico entre Perú y Chile. Nuestro país estaba empeñado en que se llevara adelante el Tratado de Ancón (1884), el cual disponía la realización de un plebiscito para decidir la suerte de Tacna y Arica; Chile se negaba a acatarlo. Como la fecha designada para el plebiscito se había vencido con exceso, Perú reclamaba el arbitraje Obligatorio para resolver el diferendo, mientras que Chile quería el Arbitraje Voluntario. El conflicto suscitó debates en todos los países de América, tanto Chile como el Perú empleaban al máximo sus recursos diplomáticos y propagándose a favor de sus respectivas tesis.
Chocano fue designado Agente Oficioso del Perú en Centroamérica para lograr el voto favorable de los gobiernos de esa parte del mundo. El poeta usa su prestigio, y en noviembre de 1901 se encuentra de regreso en Lima, victorioso. Comenta este hecho así en sus Memorias: "Regresé a mi país con tres votos asegurados de las cinco repúblicas para el caso de que se planteara y discutiera el Arbitraje Obligatorio en el Congreso Panamericano próximo a reunirse en México. El presidente Eduardo López de Romaña Alvizuria hízome cumplida justicia; y se apresuró a nombrarme Cónsul General ante las cinco repúblicas de Centroamérica, debiendo fijar mi residencia en Guatemala". Estamos en 1901, año en que la Editorial Maucci edita en España los dos tomos de sus "Poesías Completas", con prólogo de Manuel González Prada.
En Centroamérica desarrolla gran actividad literaria; y en el campo diplomático se anota un triunfo al evitar una guerra entre El Salvador y Guatemala. Retorna al Perú en 1903, y el nuevo presidente, Manuel Cándamo Iriarte, lo nombra Secretario de Primera Clase en la Legación del Perú en Colombia. Chocano tiene un hogar fundado; es padre de Eduardo Adolfo, el primogénito, nacido en Lima el 2 de diciembre de 1897. Sus otros dos hijos, de su matrimonio con Consuelo Bermúdez, son José Alberto, nacido el 7 de agosto de 1901 en Lima, y José Santos, el 15 de octubre en Guatemala.
En Colombia, Chocano tenía la misión de obtener el apoyo del gobierno de ese país en el arbitraje ante España, pero no descuidó su labor literaria. Allá escribe los 12 sonetos de su magnífico "Canto al Magdalena", que luego pasaría a formar parte esencial de su libro "Alma América".
El 14 de abril de 1904 abandona Bogotá con rumbo a Costa Rica, de donde pasa a Nicaragua, para trabajar a órdenes del gobernante de ese país, general José Santos Zelaya López.
De vuelta al Perú, viaja a Chile, donde enriquece su temario con cuadros y evocaciones de dicho país. Fruto de esa visita son "El idilio de los cóndores", "El estrecho de Magallanes", "Caupolicán", "Lautaro" y "El Cóndor ciego".
En mayo de 1905 viaja a España, donde se relaciona de inmediato con lo más graneado de la intelectualidad. Intima con Rubén Darío, que daba los últimos toques a "Cantos de vida y esperanza"; y traba amistad también con Manuel Machado Ruiz y Miguel de Unamuno y Jugo.
"Alma América", con prólogo de Miguel de Unamuno y Jugo, sale a la luz en Madrid en 1906, y este bello poemario marca su consagración en España. Simultáneamente Chocano entra en conflicto con la cancillería peruana, que se ve obligada a cancelar sus numerosas deudas.
En julio de 1907 el poeta es envuelto en un sórdido caso de estafa al Banco de España; se ve obligado a abandonar el país, trasladándose a Cuba, de donde pasa a los Estados Unidos de América. Y desde Nueva York escribe una carta a Rubén Darío con una postdata que lo retrata de cuerpo entero: "Olvidaba decirte que me he convencido de la inutilidad de la honradez; si yo hubiera cometido el delito que se me imputa, los mismos que hoy no lo creen lo creerían; y los que lo creyeran serían los mismos. Añoro los cincuenta mil duros, aunque es poco dinero para mí. Y conste que te lo digo con esta sangre fría de héroe o de criminal que es mi mayor gala".
Al salir de España, Chocano había declarado al corresponsal de "El Liberal" de Madrid que se dirigía al Perú. Pero lo cierto es que radicó en Centroamérica durante más de doce años.
Tras una corta y exitosa estancia en la República Dominicana el poeta se traslada a México "a ejercer sus peligrosas artes de seductor de jefes de Estado", según anota Luis Alberto Sánchez en "Aladino". El poeta iba y venía entre Guatemala, México y los Estados Unidos de América, donde en 1912 se casa con Margot Batres Arzu. Tenía 36 años y su novia guatemalteca, 21. De esta unión nace dos hijos: Antonio José, en 1913 y Alma América, en 1917.
Ese mismo año de 1912 Chocano y su esposa radican en México, país que era gobernado por Francisco Ignacio Madero González; éste es derrocado, asesinado por el general José Victoriano Huerta Márquez. El poeta es desterrado, y parte a Puerto Rico.
Allí Chocano recibe una serie de homenajes y hace campaña a favor de la independencia y en contra de los Estados Unidos de América. En una gira de dos meses obtiene cinco mil dólares por recitales y conferencias.
Derrotado José Victoriano Huerta Márquez, retorna a México, donde se convierte en hombre de confianza del nuevo presidente Venustiano Carranza Garza.
Hacia 1916 Chocano se ha distanciado de Venustiano Carranza Garza y también de Pancho Villa. Para salvar su vida -la enemistad con Pancho Villa siempre era fatal- se traslada a Guatemala.
José Santos Chocano vuelve al Perú en diciembre de 1921, dejando en Centroamérica a su esposa Margot Batres Arzu y sus dos hijos. Ofrece una serie de recitales que son estruendosos éxitos, y entra en polémica con el diario "El Comercio" debido a que reclama un gobierno tiránico para el Perú. En el congreso fracasa una iniciativa para concederle una elevada pensión vitalicia, y el poeta organiza su venganza: convence al alcalde de Lima para que lo coronen, en ceremonia cuya pompa no ha sido igualada hasta la fecha. "La corona de laurel de oro" -dice Luis Alberto Sánchez- "será su mejor presea en medio de las peores vicisitudes. Empero, un día ofrecerá su devolución al Municipio de Lima, visto un crimen que mancha la vida del poeta; será peor, ya en Santiago de Chile, cuando deberá empeñarla por diez mil pesos chilenos para acudir a las necesidades de su hogar, y acaso a las de sus locos sueños de Aladino, pesquisador de tesoros inhallables".
Comienza el año 1923 cuando Chocano se marcha a Venezuela, con el objeto de obtener dinero mediante conferencias y recitales. En Caracas seduce con su verso al tirano Juan Vicente Gómez, y al poco tiempo se convierte en el hombre de moda en la capital venezolana. Pero se da tiempo para viajar a Costa Rica y casarse con la joven Margarita Aguilar, quien lo acompañará hasta la hora de su muerte. Chocano tuvo, pues, tres esposas: Consuelo Bermúdez, Margot Batres y Margarita Aguilar. Con ella retornó a Lima. En la capital peruana logró reunirlas a las tres, más una amante que tuvo en España. Todas seguían queriéndolo. Elabora un poema en honor del primer centenario de la Batalla de Ayacucho, el cual no es uno de sus mejores.
Luego de amarga polémica con el escritor Edwin Elmore Letts, quien lo había calificado de "vulgar impostor" en un artículo que iba a ser publicado en "La Crónica" y que llegó a leer, lo asesina en la puerta del diario "El Comercio", donde se encuentran fortuitamente. Presenció el homicidio el director de "El Comercio" Antonio Miró Quesada, a quien el poeta le entregó el revólver.
Puesto en prisión, no muestra arrepentimiento. Dirige una carta abierta al alcalde de Lima devolviéndole la corona que le ciñerán en 1922 e inicia una tenaz campaña detractora contra su víctima, calificando al padre de ésta de "traidor", que no lo fue. El 31 de enero de 1926 pone en circulación una hoja redactada en la prisión: "La hoguera", difamando públicamente a Edwin Elmore Letts.
Chocano estuvo en prisión dorada. En el Hospital Militar Central disponía de dos habitaciones y de baño privado, y allí llevó a Margarita Aguilar, quien estaba encinta, y dio a luz a su hijo Jorge Santos.
El proceso en el cual Chocano se mostró despectivo y altanero, tuvo ribetes de opereta. El poeta rechazó la posibilidad de un indulto, afirmando no haber cometido delito alguno, y finalmente el congreso ordenó cortar el juicio, con lo que Chocano abandonó el hospital-prisión el 10 de abril de 1927.

Chocano en la época en que actuó en calidad de Agente Financiero de la República de Guatemala, consiguiendo para este país un empréstito de S/. 70'000,000,00 (Setenta millones de dolares).

En torno al poeta-asesino se hizo el vacío. Muchos le negaban el saludo. Aún así, permaneció en Lima dos años antes de partir hacia Chile, donde encontraría la muerte.
En 1928 el autor de "Alma América" parte al exilio y se establece en Santiago de Chile, en una modesta casa no lejos de la Oficina Central de Correos. Apremiado por dificultades económicas gestiona con su amigo uruguayo Edgardo Ubaldo Genta una gira de recitales, que será su ilusión hasta el día de su muerte.
En 1930 decide escribir memorias y ofrecerlas con carácter exclusivo a los principales diarios de América. Diez años más tarde, muerto su autor, se publica un volumen con los capítulos que llegó a escribir. En 1931 muere su madre.
Pese a las adversas circunstancias, el poeta sigue escribiendo. En 1934 anuncia la próxima aparición de su libro "Primicias de oro de indias", un avance de su obra completa, que se titulará "Oro de indias".
Por su precaria economía le es imposible rescatar de la Caja de Crédito Popular la corona de oro que doce años atrás le obsequiarán los municipios del Perú. Para evitar que se pierda definitivamente hace que un amigo suyo, el abogado santiaguino Lisandro Santelices, la rescate mediante el pago de diez mil pesos y la tenga en custodia hasta tiempos mejores.
El 13 de diciembre de 1934 -el vate siempre odió el numero 1|3- Chocano se dirigía al centro de la ciudad para arreglar asuntos relacionados con sus libros y su viaje. Faltaban pocos minutos para las 5 de la tarde. Abordó el tranvía, y pocas cuadras después lo hizo un individuo flaco, taciturno, quien tomó asiento. Repentinamente el hombre, identificado como Martín Bruce Badilla, se levantó; avanzó hasta donde estaba el poeta y sin que mediara palabra alguna le clavó en el corazón la hoja de un cortaplumas... repitió el golpe, y como la víctima tratara de huir, lo apuñaló dos veces por la espalda. Unos jóvenes que pasaban en automóvil lo llevaron a una posta médica, donde llegó cadáver.
De acuerdo a las revelaciones hechas en el proceso, Martín Bruce Badilla era un hombre de 49 años de edad, casado, comerciante, que se dedicaba con escaso éxito a vender un insecticida.
El asesino Martín Bruce Badilla declaró que había entrado en sociedad con Chocano para realizar excavaciones en Miraflores, esquina del Parque Forestal de Santiago "para encontrar un tesoro del cual yo tenía conocimiento". Su esposa Leontina Bañados de Bruce afirmó que el homicida le había entregado 10 mil pesos a Chocano pata inútiles excavaciones, pero el mismo Martín Bruce Badilla declaró que él había empleado dicha suma en gestiones administrativas y que no entregó ninguna cantidad al poeta.
Los peritos designados por la justicia establecieron que Martín Bruce Badilla había cometido el crimen dentro de un estado mental enfermizo, y finalmente fue recluido en un manicomio de Santiago, donde muere en 1951, a los 65 años de edad.
Premonitoriamente, veinte años antes de su trágico deceso, Chocano había escrito en Cuba:
"Busco obstinadamente sólo un metro cuadrado de tierra, en que los hombres me dejen levantar una torre muy alta, como nadie ha soñado... y cuando, al fin, lo encuentro, la vida me echa al mar. Ese metro cuadrado, que en la vida he buscado, vendrá tarde a ser mío; muerto, al fin lo tendré. Yo no espero ya ahora más que u n metro cuadrado donde tengan, un día, que enterrarme de pie".


En 1965, años en que llegan sus restos al Perú y son recibidos con grandes honores, se cumple su premonición. Lo sepultan en un metro cuadrado, de pie, según fue su voluntad, en el Cementerio General de Lima.

PRODUCCIÓN LITERARIA.
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·   El libro de mi proceso
·   El alma de Voltaire y otras prosas
·   Memorias. Las mil y una aventuras



sábado, 2 de abril de 2011

EL INCA GARCILASO Y SU TIEMPO

En 1609 apareció en Lisboa un libro que impactaría en la valoración de los más famosos monarcas del antiguo Perú y forjaría sueños y utopías: los Comentarios Reales. El Inca Garcilaso de la Vega, mestizo por sus orígenes, hizo en sus páginas un esfuerzo excepcional por apreciar e integrar los dos mundos a los que pertenecía: el andino y el occidental. Su obra, cargada de nostalgia y de exaltación, de soterrados conflictos y dramáticas tensiones, marca el derrotero de la nueva cultura mestiza de América y lo convierte en el primer autor clásico de las letras americanas. Vida y obra, memoria y aspiraciones, se nutren y proyectan en esta extraordinaria aventura.


En 1539 nace en el Cusco el hijo natural de un conquistador, el capitán Sebastián Garcilaso de la Vega, miembro de una rama menor de un poderoso linaje español, y de la princesa Chimpu Ocllo, sobrina del inca Huayna Cápac. El niño es bautizado con el nombre de Gómez Suárez de Figueroa. Por su padre, está emparentado con los señoríos y linajes de Zafra, Feria y Garci Pérez de Vargas, así como con dos de los mayores poetas españoles, Jorge Manrique (primo de su bisabuelo paterno) y el renacentista Garcilaso de la Vega (primo de su abuela paterna). Por su madre, se vincula con los miembros de la panaca de Túpac Inca Yupanqui.

Una infancia cusqueña
La infancia de Gómez Suárez de Figueroa transcurre en la morada paterna del Cusco. El caos reina en la ciudad, sacudida por las guerras civiles entre los encomenderos encabezados por Gonzalo Pizarro y las tropas leales a la Corona de España. La ausencia del padre, enrolado en las huestes de Pizarro y tachado de traidor por la Corona, el miedo de las represalias y la falta de víveres marcan los primeros años del niño. Comparte esa dolorosa experiencia con su madre y sus parientes incas, su ayo y los criados de la casa, entre los cuales se halla su media hermana Francisca de la Vega, hija de la palla María Pilcosisa. “Los hijos criaban extrañamente, así los Incas como la gente común, ricos y pobres, sin distinción alguna, con el menos regalo que les podían dar” (CR IV-12).

Gonzalo Pizarro es apresado, condenado por rebelión y ejecutado en el Cusco, en 1548, pero el capitán Garcilaso de la Vega escapa a la sanción y logra ser nombrado corregidor. Como muchos otros conquistadores, el capitán debe contraer matrimonio con una española, Luisa Martel. Chimpu Ocllo, bautizada como doña Isabel, es entregada en matrimonio a Juan Pedroche. Gómez Suárez permanece en la morada paterna, y toma conciencia de la fragilidad de su estatuto de hijo natural y mestizo, a pesar del afecto recíproco que une al hijo con el padre.

“Faltaron escuelas de letras y sobraron las de las armas”, escribe Garcilaso (LF, 27). Junto con otros jóvenes mestizos, hijos como él, de poderosos conquistadores, Gómez Suárez asiste a las clases de latín, de gramática y de música, dictadas por el canónigo Juan de Cuéllar. El maestro exhorta a sus alumnos a proseguir estudios en Salamanca.

La partida
El capitán Sebastián Garcilaso de la Vega muere de “melancolía” en el Cusco, en 1559. A finales de su vida, su hijo transcribe la oración fúnebre en su honor, en un estilo que recuerda las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique, “porque muriendo cayó un fuerte baluarte de la religión cristiana, murió... el padre de la patria, el reparo de los pobres, el amigo de los buenos, el espanto de los malos y finalmente, el amparo de los naturales” (H VIII).

El capitán lega a su hijo mestizo cuatro mil pesos para que pueda viajar a España y completar sus estudios. A los veinte años de edad, a fines de 1559, el joven mestizo sale de su tierra natal para no regresar jamás. Antes de su partida el corregidor Polo de Ondegardo le enseña los cuerpos momificados de los incas que acaba de descubrir. El joven emprende un largo viaje que lo lleva del Cusco a Lima y de Lima hasta el istmo de Panamá, donde se embarca nuevamente desde el puerto Nombre de Dios rumbo a Europa. Los temporales dificultan la travesía. Desembarca en Lisboa y de allí pasa a España. Después de una breve estancia en Madrid, donde gestiona en vano, ante la Corte de Felipe II, el reconocimiento de los méritos de su padre, Gómez Suárez se instala en Montilla, en casa de su tío don Alonso de Vargas, donde vivirá treinta años. Allí cohabitará un tiempo con Luis de Góngora, sobrino de Luisa Ponce de León, esposa de don Alonso.

Las armas y las letras
Después de una incursión en el campo de las armas contra la rebelión de los moriscos en las Alpujarras (1569-1570), que le valdrá el grado de “capitán”, Garcilaso decide dedicarse a sus dos pasiones, los caballos y las letras. En ese “rincón de pobreza y soledad” que es para él Montilla puede sin embargo adquirir una cultura clásica gracias a la biblioteca de los marqueses de Priego y a sus vínculos con los jesuitas y otros letrados cordobeses, entre los cuales figura Ambrosio de Morales, de la Orden de San Jerónimo, que siente gran estima por el Inca. Morales es personaje influyente y respetado, y un gran erudito en filología y arqueología. Como cronista oficial está encargado de acrecentar los fondos de la Biblioteca de El Escorial, lo cual le da acceso a diversos manuscritos, entre ellos el de Cieza de León sobre los incas del Perú. Morales alentó la realización de encuestas sobre los pueblos de España, que prosiguieron en América y han sido reunidas bajo el título de Relaciones geográficas de Indias.

Un pueblo elegido
La arqueología y las referencias a la antigüedad fueron marcos teóricos que Garcilaso utilizó para ordenar sus materiales. La filosofía neoplatónica y universalista de León Hebreo le brindó un modelo para reinterpretar el culto solar de los incas como una forma de monoteísmo precursor del cristianismo. El Templo del Sol aparece como la réplica americana del templo de Salomón, y el Cusco, como una Nueva Jerusalén “antártica”. Los incas son presentados como un pueblo elegido que sigue los mandamientos divinos: “Además de adorar al Sol por Dios visible [...] los Reyes Incas y sus amautas, que eran los filósofos, rastrearon con lumbre natural al verdadero sumo Dios y Señor nuestro, que crió el cielo y la tierra [...] al cual llamaron Pachacámac [...] quiere decir el que da ánima al mundo universo [...] el que hace con el universo lo que el ánima con el cuerpo” (CR II-2). “Y así, para que viesen el amor que como a sus hijos les tenía, mandó que ellos y sus descendientes para siempre se llamasen Incas” (CR I-23). “...el Sol los había enviado a la tierra para que sacaran a los hombres de la vida ferina que tenían” (CR II-19). Antes de morir, Manco Cápac reunió a sus hijos y “díjoles que a imitación suya hiciesen guardar sus leyes y mandamientos” (CR I-15).

Los incas como modelo político
La descripción del gobierno de los incas entraba en el debate europeo sobre los modelos políticos y el Inca Garcilaso se interesó por este tema a partir de las lecturas de Tomás Moro, Guicciardini y Jean Bodin; Jerónimo Román y Zamora, en su Tratado de las repúblicas del mundo (1575), le brindó el ejemplo de la república platónica fundada en la virtud. Los clásicos latinos que poseía en su biblioteca le inspiraron comparaciones entre los primeros incas y los primeros reyes romanos. El gobierno de los incas descrito en los Comentarios Reales es justo y previsor; el imperio está organizado de manera que se pueda disponer de la fuerza de trabajo de los tributarios, pero también suplir las necesidades básicas de las comunidades. Blas Valera, hijo de un conquistador y de una india de Chachapoyas, y miembro de la Compañía de Jesús desde 1568, desempeñó un papel importante en la gestación de los Comentarios Reales. En 1583 Valera fue acusado de llevar una vida indecente y fue encerrado tres años en el subsuelo de una casa de los jesuitas en Lima, seguidos de otros seis años de reclusión menos rigurosa hasta su liberación y viaje a España. Durante esos años de encierro Blas Valera compuso en latín su Historia occidentalis. En Cádiz pudo retomar sus clases de gramática hasta 1596, en que la ciudad fue invadida por los ingleses. Los jesuitas, que poseían un colegio en esa ciudad, debieron abandonarla precipitadamente y Valera, muy debilitado por tantos años de sufrimiento, tuvo que ser evacuado a Málaga, donde murió pocos meses más tarde. Algunos papeles de su obra fueron salvados del incendio del colegio por Pedro Maldonado de Saavedra, quien decidió entregarlos a Garcilaso de la Vega. Garcilaso los tradujo del latín y los incluyó en sus Comentarios Reales.


El imperio celeste y el imperio del Sol
Por intermedio de los misioneros de la Compañía de Jesús, con la cual estaba estrechamente vinculado, el Inca descubrió China, reino dotado de un sólido sistema moral, el confucianismo. El jesuita Joseph de Acosta, personalidad ineludible a la cual el Inca se refiere en muchas ocasiones, aportaba al respecto mucha información en su Historia natural y moral de las Indias, comparando a China con los reinos de México y Perú. En su estudio de Pachacútec, cita a Valera afirmando con respecto a sus leyes “que estos Incas del Perú deben ser preferidos, no sólo de los chinos y japoneses y a los indios orientales, mas también a los gentiles naturales de Asia y Grecia”. En esta jactancia, ¿no habrá alguna clave que nos permita explicar la desconcertante similitud que hay entre el Estado inca de Garcilaso y el celeste Imperio de China? [...], ampliamos y extendemos con la propia relación la que los historiadores españoles, como extranjeros, acortaron, por no saber la propiedad de la lengua ni haber mamado en la leche aquestas fábulas y verdades como yo las mamé” (CR II-10).

Es evidente que el cuadro idealizado del Imperio inca no correspondía exactamente a la realidad. Los incas no fueron el primer pueblo “civilizado” del Perú. La anexión de diversos grupos étnicos al Tahuantinsuyo no fue posible sin efusión de sangre y matanzas. Los sacrificios humanos existieron, como lo prueban los testimonios históricos y arqueológicos, aunque los incas no los practicaban masivamente. El monoteísmo incaico es una ilusión que lo indujo a minimizar el culto de las “huacas”, entidades telúricas y sagradas que hasta hoy día son temidas y veneradas por los campesinos andinos. Sin embargo, al dar de los antiguos peruanos una imagen tan positiva, legitimada por su autoridad, el Inca Garcilaso desacreditaba las otras crónicas que justificaban la conquista en nombre de la lucha contra la tiranía de los señores naturales. Garcilaso construía también un modelo político susceptible de alimentar la lucha de los americanos en favor de su reconocimiento, su dignidad y sus derechos.

Historia general del Perú
La segunda parte de los Comentarios Reales lleva por título Historia general del Perú y apareció después de la muerte del autor, en 1617. El libro está consagrado a la conquista del imperio de los incas por los españoles y a las guerras civiles posteriores; en sus páginas encontramos también referencias puntuales a la vida en el Cusco en los años 1540. El Inca Garcilaso no pierde ocasión de impugnar las acusaciones de traición esgrimidas por las autoridades contra su padre, cuya presencia ilumina un relato de mucho interés, injustamente opacado por el éxito de los Comentarios Reales. El desarrollo de las guerras en las que se enfrentan los conquistadores, que exigen la perpetuidad de las encomiendas, y los representantes de la Corona, que busca poner un límite temporal a esos privilegios, constituye lo esencial de la obra. Se trata de hecho de una historia políticamente incorrecta en la cual los bellacos y traidores de las crónicas oficiales como Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal se convierten en héroes y en víctimas. Carvajal es el mentor de Gonzalo Pizarro y el defensor de una sociedad nueva fundada en la alianza entre los incas y los conquistadores, opuesta a las pretensiones de la Corona. El plan fracasará y Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal serán ejecutados para servir de ejemplo. El capitán Sebastián Garcilaso de la Vega logrará in extremis pasar al campo de Su Majestad.

Túpac Amaru
En 1572 el virrey don Francisco de Toledo despacha a Vilcabamba, donde estaba refugiado el último inca rebelde, unas tropas al mando de don Martín García de Loyola. El inca es capturado y llevado encadenado a Cusco, donde es condenado a muerte y decapitado. Garcilaso ya no vivía en el Perú cuando tuvo lugar la ejecución, pero incluye este episodio en su Historia basándose en el relato que le hicieron sus amigos. Es, visiblemente, partidario del Inca Túpac Amaru y juzga con severidad al virrey Toledo, poniendo en boca de Felipe II las palabras siguientes: “Que Su Majestad no le había enviado al Perú para que matase reyes, sino que sirviese a reyes” (H VIII-10).

Los años finales
Decepcionado al no haber podido obtener el reconocimiento oficial de los méritos de su padre, el Inca ingresa en la orden terciaria hacia 1596 como simple clérigo, y hace votos de penitencia, pobreza y castidad. A comienzos del siglo XVII entra como mayordomo en el Hospital de la Inmaculada Concepción de nuestra Señora de Córdoba, en San Nicolás de la Villa, establecimiento especializado en el “morbo gallico” (sífilis). “Por tanto suplico a vuestra merced que me trate como a soldado que, perdido por la mala paga y tarde, se ha hecho estudiante”, carta del Inca Garcilaso a Juan Fernández Franco, 1593.

En setiembre de 1612 el Inca Garcilaso solicita la autorización del obispo de Córdoba para adquirir una capellanía destinada a acoger sus restos, preparándose para la muerte y la eternidad. Redacta su testamento, con numerosos codicilos, por el cual lega sus muebles y una pequeña renta anual de ochenta ducados a su concubina Beatriz de Vega, “mi criada”. Libera de su condición servil a Marina, una esclava morisca, y menciona también a tres criados, entre los que figura su hijo natural Diego de Vargas, a quien encarga la conservación de su sepultura. El Inca Garcilaso muere en Córdoba en la noche del 22 de abril de 1616 y su cuerpo es sepultado en su capilla de la mezquita-catedral de esa ciudad. En su tumba se inscribe este epitafio: “El Inca Garcilaso de la Vega, varón insigne, digno de perpetua memoria, ilustre de sangre, perito en letras, valiente en armas, hijo de Garcilaso de la Vega, de las casas ducales de Feria e Infantado, y de Elizabeth Palla, sobrina de Huayna Cápac, último emperador de Indias. Comentó La Florida del Inca, tradujo a León Hebreo y compuso los Comentarios Reales. Vivió en Córdoba con mucha religión, murió ejemplar; dotó esta capilla; enterróse en ella; vinculó sus bienes al sufragio de las ánimas del Purgatorio: son patronos perpetuos el Deán y Cabildo de esta Santa Iglesia”. Tres años después del deceso de su padre, Diego de Vargas es nombrado sacristán de la capilla de las Almas Benditas del Purgatorio.

Impacto y balance
Ningún libro sobre las civilizaciones indígenas americanas, excepto la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, del padre Las Casas, gozó de un éxito tan rotundo como los Comentarios Reales. Durante más de cuatro siglos la imagen de los incas será aquella que Garcilaso forjó en su obra. En Francia, los filósofos del Siglo de las Luces la utilizaron para denunciar el despotismo colonial y clerical. La edición ilustrada de 1714 inspira una de las tramas de la ópera de Jean- Philippe Rameau, Les Indes galantes. Hallamos un tono similar en la obra de Jean-François Marmontel (1777). En los debates revolucionarios de la convención sobre la colectivización de las tierras, los incas aparecen mencionados. Diez años después de la independencia de Estados Unidos, el poeta Joel Barlow llama a Manco Cápac “our western patriarch” y considera a los incas como la más noble de las civilizaciones.

En el Perú, el rebelde cusqueño José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II (1780-1781), tenía los Comentarios Reales en su biblioteca. El libro, considerado como subversivo por las autoridades, fue prohibido después de la ejecución de los rebeldes. Libertadores como San Martín y Manuel Belgrano contemplaron la posibilidad de restaurar la monarquía incaica garcilasiana y el sol de los incas se convirtió en uno de los símbolos de las nuevas repúblicas. En 1850 fueron publicados en París los Recuerdos de la monarquía peruana, de don Justo Sahuaraura, acompañados por una serie de dieciséis acuarelas. Este libro fue redactado a partir de los Comentarios Reales por un descendiente de Isabel Chimpu Ocllo y en él Sahuaraura retomaba una profecía insertada por Gabriel de Cárdenas en la edición de 1723, que anunciaba la redención de los incas.

A comienzos del siglo XX los ensayistas peruanos Luis E. Valcárcel y José Carlos Mariátegui retomaron esa visión idealizada del pasado inca para construir un mundo nuevo. En 1928, Louis Baudin publica L’Empire socialiste des Incas, en que enfatiza la importancia de la reciprocidad y la redistribución incaicas. Raúl Porras Barrenechea resume así el aporte de los garcilasistas peruanos: “Riva-Agüero lo considera como el tipo representativo de la inteligencia peruana en lo que esta tiene de ponderación clásica [...] Mariátegui lo considera como el primer peruano, entendiendo como tal al producto de las dos razas pero con predominio de lo español [...] Valcárcel ve los Comentarios como una Biblia india”.

En 1978, John V. Murra, la mayor autoridad de los estudios andinos de su época, hace un balance del aporte historiográfico de Garcilaso en estos términos: “El hincapié en los aspectos de bienestar proviene principalmente de Blas Valera y de la amplia difusión que tuvieron sus ideas al ser incorporadas a los muy leídos Comentarios Reales de los incas [...] Ambos adornan la historia inca haciéndola aparecer más larga y más gloriosa. Finalmente los dos exageran la paternal benevolencia del Estado inca hacia sus súbditos, confrontando este mito con la dura realidad en la que ambos crecieron [...] tal caracterización no significa que su impresión de que en la época del Tahuantinsuyo había una mayor responsabilidad comunitaria, étnica, por el bienestar individual sea completamente ilusoria [...] Fue la sociedad local, de carácter étnico, la que en la época del Tahuantinsuyo, como antes de la conquista incaica, continuó organizando los esfuerzos de sus miembros de un modo que asegurara el acceso de todos a los bienes estratégicos del grupo”.

Si a la luz de los avances de la investigación histórica los Comentarios Reales del Inca Garcilaso pueden ser objeto de algunos comprensibles reparos, ello no invalida, sin embargo, su impacto en el proceso formulador de la conciencia y las utopías americanas de los últimos cuatro siglos ni la validez de muchos de sus asertos, potenciados siempre por la excelencia del estilo. La mitificación del Tahuantinsuyo ha visto modificarse sus proyecciones ideológicas y el propio Inca Garcilaso ha sido sucesivamente elogiado, denostado, convertido en verdad escolar o en blanco de reproches, sin que por ello su obra deje de ser un referente cautivador e ineludible.

El Perú de hoy tampoco es, obviamente, el que nuestro autor dejó cuando emprendió en 1559 su viaje sin retorno a España. Si pudiera volver, seguramente apreciaría el complejo resultado de ese mestizaje que en su tiempo él encarnó como parte de una minoría que empezaba a multiplicarse y era vista como peligrosa y poco fiable, y que ahora resulta mayoritaria en la vida peruana, cargada de esperanzas no obstante los problemas que debe aún remontar. El Inca Garcilaso quiso en particular que sus Comentarios Reales sirvieran para valorar la riqueza cultural de sus ancestros incas y lo logró; con el mismo talante, de seguro apreciaría lo avanzado ahora en la valoración de otras expresiones culturales originarias, que sustentan también la riqueza del caleidoscopio de la diversidad cultural peruana y americana. Su combate contra los prejuicios y la discriminación, no obstante las limitaciones de su época y de su propia perspectiva, se vería sin duda fortalecido en el presente, donde su obra sigue ejerciendo una especial fascinación en quienes se embarcan en su lectura. La vigencia de su mensaje integrador queda resumida en la dedicatoria de la segunda parte de su obra cumbre:

“A los indios, mestizos y criollos de los reinos y provincias del grande y riquísimo Imperio del Perú, el Inca Garcilaso de la Vega, su hermano, compatriota y paisano, salud y felicidad”.


* Antropóloga e historiadora. Es profesora emérita de la Universidad de París X y miembro del Instituto Universitario de Francia. Es autora de, entre otras obras: Un inca platónico, Garcilaso de la Vega (1539-1616), Ediciones Fayard, 2006.



CRONOLOGÍA DEL INCA GARCILASO DE LA VEGA

1532 Francisco Pizarro y sus huestes emprenden la conquista del Perú.
1533 Ejecución del inca Atahualpa en Cajamarca el 29 de agosto. Llegada de los españoles al Cusco, en noviembre.
1534 Fundación de la ciudad española de Cusco en marzo.
1535 Fundación de de la Ciudad de los Reyes (Lima) el 18 de enero.
1539 Nace en el Cusco Gómez Suárez de Figueroa, futuro Inca Garcilaso. En 1541, F. Pizarro es asesinado en Lima por el hijo de Diego de Almagro y sus partidarios.
1544 Inicio de las guerras de los “encomenderos” contra las “Leyes nuevas” de la Corona, que limitaban sus privilegios.
1545 Ejecución del virrey Blasco Núñez de Vela por Gonzalo Pizarro.
1548 Ejecución de Gonzalo Pizarro.
1549 Boda del capitán Sebastián Garcilaso de la Vega con la española Luisa Martel.
Carlos V prohíbe a los mestizos ilegítimos ejercer cargos públicos, salvo derogación especial.
1551 Pacificación del territorio. Celebración del Primer Concilio Provincial en Lima.
Control de las prerrogativas de los “encomenderos” por la administración de la Corona. Llega al Cusco el virrey don Antonio de Mendoza.
1559 Muerte de Sebastián Garcilaso de la Vega en el Cusco. Partida de Gómez Suárez a España.
1561 Llegada de Gómez Suárez de Figueroa a
Montilla. Aconsejado por su tío don Alonso de
Vargas, cambia su nombre por el de Garcilaso de la Vega.
Viaja a Madrid. Presenta ante la corte del  rey Felipe II una demanda de reconocimiento por los servicios prestados por su padre a la Corona, considerada improcedente.
1570 Al llamado de Alonso Fernández de Córdoba, marqués de Priego, deja Montilla y participa en la guerra contra los moros, en las Alpujarras, bajo la bandera de Juan de Austria. Obtiene el grado de capitán.
Se consagra a las letras y se relaciona con historiadores y anticuarios andaluces, como Ambrosio de Morales, así como con los jesuitas.
1572 Ejecución del Inca Túpac Amaru en el Cusco, por orden del virrey Toledo.
1590 Aparición de la traducción al español de los Diálogos de amor, de León el Hebreo, firmada con su nombre de pluma, Garcilaso Inca de la Vega.
1591 Se establece en Córdoba.
1596 Redacción de la Genealogía de Garci Pérez de Vargas escrita por su descendiente Garcilaso de la Vega, llamado el Inca, concebida originalmente como un prólogo de La Florida del Inca. Ese mismo año los ingleses invaden el puerto de Cádiz e incendian el colegio de los jesuitas. Algunos documentos se rescataron del desastre, entre ellos los apuntes de Blas Valera sobre los incas, que fueron remitidos a Garcilaso.
1606 Publicación de La Florida del Inca. Historia del adelantado Hernando de Soto... y de otros heroicos caballeros españoles e indios en Lisboa, editada por Pedro Crasbeek.
1609 Publicación de los Comentarios Reales en Lisboa, editada por Pedro Crasbeek.
1616 Muere el Inca Garcilaso en Córdoba, la noche del 22 de abril. Es enterrado en la mezquita de esa ciudad. El mismo día muere en Madrid Miguel de Cervantes y al día siguiente (del calendario juliano, pues en el gregoriano sería el 3 de mayo) fallece William Shakespeare en Stratford-upon-Avon, Inglaterra.
1617 Aparece la Historia general del Perú, Córdoba, edición póstuma por la viuda de Andrés Barrera.
1625 Observations of Things Most Remarkables, Collected Out of the First Part of the Comentaries Royal written by Inca Garcilaso de la Vega. Edición de Samuel Purchas, His Pilgrimes, London.
1633 Traducción al francés de los Comentarios Reales, con el título de Le Commentaire royal ou l’Histoire des Yncas, Roys du Pérou escritte en langue péruvienne par l’Ynca Garcilaso de la Vega, natif de Cuzco, fidellement traduite sur la versión espagnolle par J. Baudoin, París, Auguste Courbé, editor.