jueves, 7 de abril de 2011

CHOCANO, EL CANTOR DE AMÉRICA

José Santos Chocano Gastañodi conocido como «El Cantor de América», nació el 14 de mayo de 1875 en Lima. Según investigaciones de Luis Alberto Sánchez el verdadero apellido del poeta no era simplemente Chocano sino Moreno Chocano, pues su abuelo se llamaba José Santos Moreno Chocano y Fernández Cornejo; pero su padre, José Félix, omitió el primero de sus apellidos para llamarse simplemente José Félix Chocano y Zela. Este era nieto del prócer peruano Francisco Antonio de Zela, quien diera en Tacna el primer grito de independencia del Perú. La madre, María Aurora Gastañodi de la Vega de Chocano, fue una dama nacida en Otuzco (Trujillo), hija de un acaudalado minero que luego perdería sus propiedades.

José Felix Chocano y de Zela. Padre del poeta. Capitán de ejército, nació en Tacna en 1837; falleció en Lima en 1909.
La familia vivía en una casa de la calle Argandoña 27, altos, hoy perteneciente al jirón Cailloma, a dos cuadras de Palacio de Gobierno y a una de la iglesia de Santo Domingo.
Entre los 9 y 11 años, Chocano cursó estudios en el Instituto de Lima, también llamado Colegio Alemán. Este lapso abarca de 1994 a 1886. A los 11 años pasa al Colegio de Lima, donde tuvo por condiscípulos, entre otros, a Luis Aurelio Loayza, Clemente Palma y Alberto L. Sánchez, padre de su biográfo Luis Alberto Sánchez. El jovencito ya daba muestras de inquietud intelectual; dirigía revistas, organizaba certámenes, y sus compañeros lo apodaron "Chocráneo" por su brillante personalidad.

María Aurora Gastañodi. Nació en Otuzco (Trujillo), hija de don Pedro Gastoñodi, minero español y de doña Aurora de La Vega oriunda de Trujillo. Faleció en Lima en 1931.

 
Es en 1891 que ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde permanece apenas dos años en la Facultad de Letras. El joven universitario colabora en la revista "El Perú Ilustrado", a la que dirigió por corto tiempo cuando aún no había cumplido los 16 años.
Entre 1893 y 1894 Chocano colabora en "La Tunda", periodiquito de clara tendencia antimilitarista. Eran los años de los peores conflictos políticos que ha sufrido nuestro país en el siglo pasado: "La Tunda" fue clausurado y el poeta puesto en prisión. Durante seis meses permaneció en las mazmorras de la Fortaleza del Real Felipe del puerto del Callao, de las cuales salió triunfante al ser derrocado el general del ejército peruano Andrés Avelino Cáceres Dorregaray. Una junta de gobierno, presidida por Manuel Cándamo Iriarte, asume le gobierno y convoca a las elecciones en que sale ungido como presidente constitucional Nicolás de Piérola Villena. El poeta vive su primera hora de triunfo. Con apenas 20 años es nombrado secretario de Cándamo y luego pasa en serlo de Elías Malpartida, ministro de Hacienda. Luego lo nombran director del Diario Oficial "El Peruano", donde aprovecha para editar sus dos primeros libros. Estos son "Iras Santas, Poemas americanos", impreso en tinta roja; y "En la Aldea, Poesías Americanas", en tinta azul. Un año después, cuando tiene 21 y goza ya de renombre, se lanza a la producción teatral con el drama "Sin nombre", que es un completo fracaso.
Estos dos primeros volúmenes así como el tercero: "Azahares", publicado en 1896, contienen poemas de escasa calidad que más tarde Chocano suprime de su antología.
Aún no ha cumplido los 21 años cuando contrae matrimonio con una joven de 17, Consuelo Bermúdez Velásquez, el año de 1897. Después de la luna de miel reanuda su activa vida literaria. Y lleva adelante además el primero de sus muchos proyectos utópicos: viaja a la selva con el objetivo de establecer un negocio de café. El poeta llama a éste "el viaje de Simbad". "Simbad influyó en mi vida tanto como Aladino en mi arte", declara, y Luis Alberto Sánchez extrae de esta frase el título de la biografía de Chocano: "Aladino, o vida y obra de José Santos Chocano". Naturalmente, el negocio fracasó.
En 1896 el poeta lanza su poemario "Selva Virgen", que es recibido con buena crítica; pero su verdadera consagración ocurre tres años después, al triunfar en sendos concursos de ´poesía con "La Epopeya del Morro" y "El Derrumbe". Ese mismo año de 1899 se estrena "Vendimiario", un drama en tres actos, que recibió crítica adversa.
José Santos Chocano a estas alturas es ya un poeta consagrado, adulado por la sociedad y con fama continental.
Por aquellos días se encontraba en su apogeo el conflicto jurídico entre Perú y Chile. Nuestro país estaba empeñado en que se llevara adelante el Tratado de Ancón (1884), el cual disponía la realización de un plebiscito para decidir la suerte de Tacna y Arica; Chile se negaba a acatarlo. Como la fecha designada para el plebiscito se había vencido con exceso, Perú reclamaba el arbitraje Obligatorio para resolver el diferendo, mientras que Chile quería el Arbitraje Voluntario. El conflicto suscitó debates en todos los países de América, tanto Chile como el Perú empleaban al máximo sus recursos diplomáticos y propagándose a favor de sus respectivas tesis.
Chocano fue designado Agente Oficioso del Perú en Centroamérica para lograr el voto favorable de los gobiernos de esa parte del mundo. El poeta usa su prestigio, y en noviembre de 1901 se encuentra de regreso en Lima, victorioso. Comenta este hecho así en sus Memorias: "Regresé a mi país con tres votos asegurados de las cinco repúblicas para el caso de que se planteara y discutiera el Arbitraje Obligatorio en el Congreso Panamericano próximo a reunirse en México. El presidente Eduardo López de Romaña Alvizuria hízome cumplida justicia; y se apresuró a nombrarme Cónsul General ante las cinco repúblicas de Centroamérica, debiendo fijar mi residencia en Guatemala". Estamos en 1901, año en que la Editorial Maucci edita en España los dos tomos de sus "Poesías Completas", con prólogo de Manuel González Prada.
En Centroamérica desarrolla gran actividad literaria; y en el campo diplomático se anota un triunfo al evitar una guerra entre El Salvador y Guatemala. Retorna al Perú en 1903, y el nuevo presidente, Manuel Cándamo Iriarte, lo nombra Secretario de Primera Clase en la Legación del Perú en Colombia. Chocano tiene un hogar fundado; es padre de Eduardo Adolfo, el primogénito, nacido en Lima el 2 de diciembre de 1897. Sus otros dos hijos, de su matrimonio con Consuelo Bermúdez, son José Alberto, nacido el 7 de agosto de 1901 en Lima, y José Santos, el 15 de octubre en Guatemala.
En Colombia, Chocano tenía la misión de obtener el apoyo del gobierno de ese país en el arbitraje ante España, pero no descuidó su labor literaria. Allá escribe los 12 sonetos de su magnífico "Canto al Magdalena", que luego pasaría a formar parte esencial de su libro "Alma América".
El 14 de abril de 1904 abandona Bogotá con rumbo a Costa Rica, de donde pasa a Nicaragua, para trabajar a órdenes del gobernante de ese país, general José Santos Zelaya López.
De vuelta al Perú, viaja a Chile, donde enriquece su temario con cuadros y evocaciones de dicho país. Fruto de esa visita son "El idilio de los cóndores", "El estrecho de Magallanes", "Caupolicán", "Lautaro" y "El Cóndor ciego".
En mayo de 1905 viaja a España, donde se relaciona de inmediato con lo más graneado de la intelectualidad. Intima con Rubén Darío, que daba los últimos toques a "Cantos de vida y esperanza"; y traba amistad también con Manuel Machado Ruiz y Miguel de Unamuno y Jugo.
"Alma América", con prólogo de Miguel de Unamuno y Jugo, sale a la luz en Madrid en 1906, y este bello poemario marca su consagración en España. Simultáneamente Chocano entra en conflicto con la cancillería peruana, que se ve obligada a cancelar sus numerosas deudas.
En julio de 1907 el poeta es envuelto en un sórdido caso de estafa al Banco de España; se ve obligado a abandonar el país, trasladándose a Cuba, de donde pasa a los Estados Unidos de América. Y desde Nueva York escribe una carta a Rubén Darío con una postdata que lo retrata de cuerpo entero: "Olvidaba decirte que me he convencido de la inutilidad de la honradez; si yo hubiera cometido el delito que se me imputa, los mismos que hoy no lo creen lo creerían; y los que lo creyeran serían los mismos. Añoro los cincuenta mil duros, aunque es poco dinero para mí. Y conste que te lo digo con esta sangre fría de héroe o de criminal que es mi mayor gala".
Al salir de España, Chocano había declarado al corresponsal de "El Liberal" de Madrid que se dirigía al Perú. Pero lo cierto es que radicó en Centroamérica durante más de doce años.
Tras una corta y exitosa estancia en la República Dominicana el poeta se traslada a México "a ejercer sus peligrosas artes de seductor de jefes de Estado", según anota Luis Alberto Sánchez en "Aladino". El poeta iba y venía entre Guatemala, México y los Estados Unidos de América, donde en 1912 se casa con Margot Batres Arzu. Tenía 36 años y su novia guatemalteca, 21. De esta unión nace dos hijos: Antonio José, en 1913 y Alma América, en 1917.
Ese mismo año de 1912 Chocano y su esposa radican en México, país que era gobernado por Francisco Ignacio Madero González; éste es derrocado, asesinado por el general José Victoriano Huerta Márquez. El poeta es desterrado, y parte a Puerto Rico.
Allí Chocano recibe una serie de homenajes y hace campaña a favor de la independencia y en contra de los Estados Unidos de América. En una gira de dos meses obtiene cinco mil dólares por recitales y conferencias.
Derrotado José Victoriano Huerta Márquez, retorna a México, donde se convierte en hombre de confianza del nuevo presidente Venustiano Carranza Garza.
Hacia 1916 Chocano se ha distanciado de Venustiano Carranza Garza y también de Pancho Villa. Para salvar su vida -la enemistad con Pancho Villa siempre era fatal- se traslada a Guatemala.
José Santos Chocano vuelve al Perú en diciembre de 1921, dejando en Centroamérica a su esposa Margot Batres Arzu y sus dos hijos. Ofrece una serie de recitales que son estruendosos éxitos, y entra en polémica con el diario "El Comercio" debido a que reclama un gobierno tiránico para el Perú. En el congreso fracasa una iniciativa para concederle una elevada pensión vitalicia, y el poeta organiza su venganza: convence al alcalde de Lima para que lo coronen, en ceremonia cuya pompa no ha sido igualada hasta la fecha. "La corona de laurel de oro" -dice Luis Alberto Sánchez- "será su mejor presea en medio de las peores vicisitudes. Empero, un día ofrecerá su devolución al Municipio de Lima, visto un crimen que mancha la vida del poeta; será peor, ya en Santiago de Chile, cuando deberá empeñarla por diez mil pesos chilenos para acudir a las necesidades de su hogar, y acaso a las de sus locos sueños de Aladino, pesquisador de tesoros inhallables".
Comienza el año 1923 cuando Chocano se marcha a Venezuela, con el objeto de obtener dinero mediante conferencias y recitales. En Caracas seduce con su verso al tirano Juan Vicente Gómez, y al poco tiempo se convierte en el hombre de moda en la capital venezolana. Pero se da tiempo para viajar a Costa Rica y casarse con la joven Margarita Aguilar, quien lo acompañará hasta la hora de su muerte. Chocano tuvo, pues, tres esposas: Consuelo Bermúdez, Margot Batres y Margarita Aguilar. Con ella retornó a Lima. En la capital peruana logró reunirlas a las tres, más una amante que tuvo en España. Todas seguían queriéndolo. Elabora un poema en honor del primer centenario de la Batalla de Ayacucho, el cual no es uno de sus mejores.
Luego de amarga polémica con el escritor Edwin Elmore Letts, quien lo había calificado de "vulgar impostor" en un artículo que iba a ser publicado en "La Crónica" y que llegó a leer, lo asesina en la puerta del diario "El Comercio", donde se encuentran fortuitamente. Presenció el homicidio el director de "El Comercio" Antonio Miró Quesada, a quien el poeta le entregó el revólver.
Puesto en prisión, no muestra arrepentimiento. Dirige una carta abierta al alcalde de Lima devolviéndole la corona que le ciñerán en 1922 e inicia una tenaz campaña detractora contra su víctima, calificando al padre de ésta de "traidor", que no lo fue. El 31 de enero de 1926 pone en circulación una hoja redactada en la prisión: "La hoguera", difamando públicamente a Edwin Elmore Letts.
Chocano estuvo en prisión dorada. En el Hospital Militar Central disponía de dos habitaciones y de baño privado, y allí llevó a Margarita Aguilar, quien estaba encinta, y dio a luz a su hijo Jorge Santos.
El proceso en el cual Chocano se mostró despectivo y altanero, tuvo ribetes de opereta. El poeta rechazó la posibilidad de un indulto, afirmando no haber cometido delito alguno, y finalmente el congreso ordenó cortar el juicio, con lo que Chocano abandonó el hospital-prisión el 10 de abril de 1927.

Chocano en la época en que actuó en calidad de Agente Financiero de la República de Guatemala, consiguiendo para este país un empréstito de S/. 70'000,000,00 (Setenta millones de dolares).

En torno al poeta-asesino se hizo el vacío. Muchos le negaban el saludo. Aún así, permaneció en Lima dos años antes de partir hacia Chile, donde encontraría la muerte.
En 1928 el autor de "Alma América" parte al exilio y se establece en Santiago de Chile, en una modesta casa no lejos de la Oficina Central de Correos. Apremiado por dificultades económicas gestiona con su amigo uruguayo Edgardo Ubaldo Genta una gira de recitales, que será su ilusión hasta el día de su muerte.
En 1930 decide escribir memorias y ofrecerlas con carácter exclusivo a los principales diarios de América. Diez años más tarde, muerto su autor, se publica un volumen con los capítulos que llegó a escribir. En 1931 muere su madre.
Pese a las adversas circunstancias, el poeta sigue escribiendo. En 1934 anuncia la próxima aparición de su libro "Primicias de oro de indias", un avance de su obra completa, que se titulará "Oro de indias".
Por su precaria economía le es imposible rescatar de la Caja de Crédito Popular la corona de oro que doce años atrás le obsequiarán los municipios del Perú. Para evitar que se pierda definitivamente hace que un amigo suyo, el abogado santiaguino Lisandro Santelices, la rescate mediante el pago de diez mil pesos y la tenga en custodia hasta tiempos mejores.
El 13 de diciembre de 1934 -el vate siempre odió el numero 1|3- Chocano se dirigía al centro de la ciudad para arreglar asuntos relacionados con sus libros y su viaje. Faltaban pocos minutos para las 5 de la tarde. Abordó el tranvía, y pocas cuadras después lo hizo un individuo flaco, taciturno, quien tomó asiento. Repentinamente el hombre, identificado como Martín Bruce Badilla, se levantó; avanzó hasta donde estaba el poeta y sin que mediara palabra alguna le clavó en el corazón la hoja de un cortaplumas... repitió el golpe, y como la víctima tratara de huir, lo apuñaló dos veces por la espalda. Unos jóvenes que pasaban en automóvil lo llevaron a una posta médica, donde llegó cadáver.
De acuerdo a las revelaciones hechas en el proceso, Martín Bruce Badilla era un hombre de 49 años de edad, casado, comerciante, que se dedicaba con escaso éxito a vender un insecticida.
El asesino Martín Bruce Badilla declaró que había entrado en sociedad con Chocano para realizar excavaciones en Miraflores, esquina del Parque Forestal de Santiago "para encontrar un tesoro del cual yo tenía conocimiento". Su esposa Leontina Bañados de Bruce afirmó que el homicida le había entregado 10 mil pesos a Chocano pata inútiles excavaciones, pero el mismo Martín Bruce Badilla declaró que él había empleado dicha suma en gestiones administrativas y que no entregó ninguna cantidad al poeta.
Los peritos designados por la justicia establecieron que Martín Bruce Badilla había cometido el crimen dentro de un estado mental enfermizo, y finalmente fue recluido en un manicomio de Santiago, donde muere en 1951, a los 65 años de edad.
Premonitoriamente, veinte años antes de su trágico deceso, Chocano había escrito en Cuba:
"Busco obstinadamente sólo un metro cuadrado de tierra, en que los hombres me dejen levantar una torre muy alta, como nadie ha soñado... y cuando, al fin, lo encuentro, la vida me echa al mar. Ese metro cuadrado, que en la vida he buscado, vendrá tarde a ser mío; muerto, al fin lo tendré. Yo no espero ya ahora más que u n metro cuadrado donde tengan, un día, que enterrarme de pie".


En 1965, años en que llegan sus restos al Perú y son recibidos con grandes honores, se cumple su premonición. Lo sepultan en un metro cuadrado, de pie, según fue su voluntad, en el Cementerio General de Lima.

PRODUCCIÓN LITERARIA.
Poesía
·   Iras santas
·   En la aldea
·   Azahares
·   Selva virgen
·   La epopeya del morro
·   El derrumbe
·   El canto del siglo
·   El fin de satán y otros poemas
·   Los cantos del Pacífico
·   Alma América
·   Fiat lux
·   El Dorado: epopeya salvaje
·   Puerto Rico lírico y otros poemas
·   Ayacucho y los Andes
·   Primicias de oro de Indias
·   Poemas del amor doliente
·   Oro de Indias
Teatro
·   Sin nombre
·   El nuevo Hamlet
·   Vendimiario
·   Ingénito
·   El hombre sin mundo
·   Mundo rural y urbano
·   Los conquistadores
Prosa
·   Idearium tropical
·   La coronación de José Santos Chocano
·   El libro de mi proceso
·   El alma de Voltaire y otras prosas
·   Memorias. Las mil y una aventuras



sábado, 2 de abril de 2011

EL INCA GARCILASO Y SU TIEMPO

En 1609 apareció en Lisboa un libro que impactaría en la valoración de los más famosos monarcas del antiguo Perú y forjaría sueños y utopías: los Comentarios Reales. El Inca Garcilaso de la Vega, mestizo por sus orígenes, hizo en sus páginas un esfuerzo excepcional por apreciar e integrar los dos mundos a los que pertenecía: el andino y el occidental. Su obra, cargada de nostalgia y de exaltación, de soterrados conflictos y dramáticas tensiones, marca el derrotero de la nueva cultura mestiza de América y lo convierte en el primer autor clásico de las letras americanas. Vida y obra, memoria y aspiraciones, se nutren y proyectan en esta extraordinaria aventura.


En 1539 nace en el Cusco el hijo natural de un conquistador, el capitán Sebastián Garcilaso de la Vega, miembro de una rama menor de un poderoso linaje español, y de la princesa Chimpu Ocllo, sobrina del inca Huayna Cápac. El niño es bautizado con el nombre de Gómez Suárez de Figueroa. Por su padre, está emparentado con los señoríos y linajes de Zafra, Feria y Garci Pérez de Vargas, así como con dos de los mayores poetas españoles, Jorge Manrique (primo de su bisabuelo paterno) y el renacentista Garcilaso de la Vega (primo de su abuela paterna). Por su madre, se vincula con los miembros de la panaca de Túpac Inca Yupanqui.

Una infancia cusqueña
La infancia de Gómez Suárez de Figueroa transcurre en la morada paterna del Cusco. El caos reina en la ciudad, sacudida por las guerras civiles entre los encomenderos encabezados por Gonzalo Pizarro y las tropas leales a la Corona de España. La ausencia del padre, enrolado en las huestes de Pizarro y tachado de traidor por la Corona, el miedo de las represalias y la falta de víveres marcan los primeros años del niño. Comparte esa dolorosa experiencia con su madre y sus parientes incas, su ayo y los criados de la casa, entre los cuales se halla su media hermana Francisca de la Vega, hija de la palla María Pilcosisa. “Los hijos criaban extrañamente, así los Incas como la gente común, ricos y pobres, sin distinción alguna, con el menos regalo que les podían dar” (CR IV-12).

Gonzalo Pizarro es apresado, condenado por rebelión y ejecutado en el Cusco, en 1548, pero el capitán Garcilaso de la Vega escapa a la sanción y logra ser nombrado corregidor. Como muchos otros conquistadores, el capitán debe contraer matrimonio con una española, Luisa Martel. Chimpu Ocllo, bautizada como doña Isabel, es entregada en matrimonio a Juan Pedroche. Gómez Suárez permanece en la morada paterna, y toma conciencia de la fragilidad de su estatuto de hijo natural y mestizo, a pesar del afecto recíproco que une al hijo con el padre.

“Faltaron escuelas de letras y sobraron las de las armas”, escribe Garcilaso (LF, 27). Junto con otros jóvenes mestizos, hijos como él, de poderosos conquistadores, Gómez Suárez asiste a las clases de latín, de gramática y de música, dictadas por el canónigo Juan de Cuéllar. El maestro exhorta a sus alumnos a proseguir estudios en Salamanca.

La partida
El capitán Sebastián Garcilaso de la Vega muere de “melancolía” en el Cusco, en 1559. A finales de su vida, su hijo transcribe la oración fúnebre en su honor, en un estilo que recuerda las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique, “porque muriendo cayó un fuerte baluarte de la religión cristiana, murió... el padre de la patria, el reparo de los pobres, el amigo de los buenos, el espanto de los malos y finalmente, el amparo de los naturales” (H VIII).

El capitán lega a su hijo mestizo cuatro mil pesos para que pueda viajar a España y completar sus estudios. A los veinte años de edad, a fines de 1559, el joven mestizo sale de su tierra natal para no regresar jamás. Antes de su partida el corregidor Polo de Ondegardo le enseña los cuerpos momificados de los incas que acaba de descubrir. El joven emprende un largo viaje que lo lleva del Cusco a Lima y de Lima hasta el istmo de Panamá, donde se embarca nuevamente desde el puerto Nombre de Dios rumbo a Europa. Los temporales dificultan la travesía. Desembarca en Lisboa y de allí pasa a España. Después de una breve estancia en Madrid, donde gestiona en vano, ante la Corte de Felipe II, el reconocimiento de los méritos de su padre, Gómez Suárez se instala en Montilla, en casa de su tío don Alonso de Vargas, donde vivirá treinta años. Allí cohabitará un tiempo con Luis de Góngora, sobrino de Luisa Ponce de León, esposa de don Alonso.

Las armas y las letras
Después de una incursión en el campo de las armas contra la rebelión de los moriscos en las Alpujarras (1569-1570), que le valdrá el grado de “capitán”, Garcilaso decide dedicarse a sus dos pasiones, los caballos y las letras. En ese “rincón de pobreza y soledad” que es para él Montilla puede sin embargo adquirir una cultura clásica gracias a la biblioteca de los marqueses de Priego y a sus vínculos con los jesuitas y otros letrados cordobeses, entre los cuales figura Ambrosio de Morales, de la Orden de San Jerónimo, que siente gran estima por el Inca. Morales es personaje influyente y respetado, y un gran erudito en filología y arqueología. Como cronista oficial está encargado de acrecentar los fondos de la Biblioteca de El Escorial, lo cual le da acceso a diversos manuscritos, entre ellos el de Cieza de León sobre los incas del Perú. Morales alentó la realización de encuestas sobre los pueblos de España, que prosiguieron en América y han sido reunidas bajo el título de Relaciones geográficas de Indias.

Un pueblo elegido
La arqueología y las referencias a la antigüedad fueron marcos teóricos que Garcilaso utilizó para ordenar sus materiales. La filosofía neoplatónica y universalista de León Hebreo le brindó un modelo para reinterpretar el culto solar de los incas como una forma de monoteísmo precursor del cristianismo. El Templo del Sol aparece como la réplica americana del templo de Salomón, y el Cusco, como una Nueva Jerusalén “antártica”. Los incas son presentados como un pueblo elegido que sigue los mandamientos divinos: “Además de adorar al Sol por Dios visible [...] los Reyes Incas y sus amautas, que eran los filósofos, rastrearon con lumbre natural al verdadero sumo Dios y Señor nuestro, que crió el cielo y la tierra [...] al cual llamaron Pachacámac [...] quiere decir el que da ánima al mundo universo [...] el que hace con el universo lo que el ánima con el cuerpo” (CR II-2). “Y así, para que viesen el amor que como a sus hijos les tenía, mandó que ellos y sus descendientes para siempre se llamasen Incas” (CR I-23). “...el Sol los había enviado a la tierra para que sacaran a los hombres de la vida ferina que tenían” (CR II-19). Antes de morir, Manco Cápac reunió a sus hijos y “díjoles que a imitación suya hiciesen guardar sus leyes y mandamientos” (CR I-15).

Los incas como modelo político
La descripción del gobierno de los incas entraba en el debate europeo sobre los modelos políticos y el Inca Garcilaso se interesó por este tema a partir de las lecturas de Tomás Moro, Guicciardini y Jean Bodin; Jerónimo Román y Zamora, en su Tratado de las repúblicas del mundo (1575), le brindó el ejemplo de la república platónica fundada en la virtud. Los clásicos latinos que poseía en su biblioteca le inspiraron comparaciones entre los primeros incas y los primeros reyes romanos. El gobierno de los incas descrito en los Comentarios Reales es justo y previsor; el imperio está organizado de manera que se pueda disponer de la fuerza de trabajo de los tributarios, pero también suplir las necesidades básicas de las comunidades. Blas Valera, hijo de un conquistador y de una india de Chachapoyas, y miembro de la Compañía de Jesús desde 1568, desempeñó un papel importante en la gestación de los Comentarios Reales. En 1583 Valera fue acusado de llevar una vida indecente y fue encerrado tres años en el subsuelo de una casa de los jesuitas en Lima, seguidos de otros seis años de reclusión menos rigurosa hasta su liberación y viaje a España. Durante esos años de encierro Blas Valera compuso en latín su Historia occidentalis. En Cádiz pudo retomar sus clases de gramática hasta 1596, en que la ciudad fue invadida por los ingleses. Los jesuitas, que poseían un colegio en esa ciudad, debieron abandonarla precipitadamente y Valera, muy debilitado por tantos años de sufrimiento, tuvo que ser evacuado a Málaga, donde murió pocos meses más tarde. Algunos papeles de su obra fueron salvados del incendio del colegio por Pedro Maldonado de Saavedra, quien decidió entregarlos a Garcilaso de la Vega. Garcilaso los tradujo del latín y los incluyó en sus Comentarios Reales.


El imperio celeste y el imperio del Sol
Por intermedio de los misioneros de la Compañía de Jesús, con la cual estaba estrechamente vinculado, el Inca descubrió China, reino dotado de un sólido sistema moral, el confucianismo. El jesuita Joseph de Acosta, personalidad ineludible a la cual el Inca se refiere en muchas ocasiones, aportaba al respecto mucha información en su Historia natural y moral de las Indias, comparando a China con los reinos de México y Perú. En su estudio de Pachacútec, cita a Valera afirmando con respecto a sus leyes “que estos Incas del Perú deben ser preferidos, no sólo de los chinos y japoneses y a los indios orientales, mas también a los gentiles naturales de Asia y Grecia”. En esta jactancia, ¿no habrá alguna clave que nos permita explicar la desconcertante similitud que hay entre el Estado inca de Garcilaso y el celeste Imperio de China? [...], ampliamos y extendemos con la propia relación la que los historiadores españoles, como extranjeros, acortaron, por no saber la propiedad de la lengua ni haber mamado en la leche aquestas fábulas y verdades como yo las mamé” (CR II-10).

Es evidente que el cuadro idealizado del Imperio inca no correspondía exactamente a la realidad. Los incas no fueron el primer pueblo “civilizado” del Perú. La anexión de diversos grupos étnicos al Tahuantinsuyo no fue posible sin efusión de sangre y matanzas. Los sacrificios humanos existieron, como lo prueban los testimonios históricos y arqueológicos, aunque los incas no los practicaban masivamente. El monoteísmo incaico es una ilusión que lo indujo a minimizar el culto de las “huacas”, entidades telúricas y sagradas que hasta hoy día son temidas y veneradas por los campesinos andinos. Sin embargo, al dar de los antiguos peruanos una imagen tan positiva, legitimada por su autoridad, el Inca Garcilaso desacreditaba las otras crónicas que justificaban la conquista en nombre de la lucha contra la tiranía de los señores naturales. Garcilaso construía también un modelo político susceptible de alimentar la lucha de los americanos en favor de su reconocimiento, su dignidad y sus derechos.

Historia general del Perú
La segunda parte de los Comentarios Reales lleva por título Historia general del Perú y apareció después de la muerte del autor, en 1617. El libro está consagrado a la conquista del imperio de los incas por los españoles y a las guerras civiles posteriores; en sus páginas encontramos también referencias puntuales a la vida en el Cusco en los años 1540. El Inca Garcilaso no pierde ocasión de impugnar las acusaciones de traición esgrimidas por las autoridades contra su padre, cuya presencia ilumina un relato de mucho interés, injustamente opacado por el éxito de los Comentarios Reales. El desarrollo de las guerras en las que se enfrentan los conquistadores, que exigen la perpetuidad de las encomiendas, y los representantes de la Corona, que busca poner un límite temporal a esos privilegios, constituye lo esencial de la obra. Se trata de hecho de una historia políticamente incorrecta en la cual los bellacos y traidores de las crónicas oficiales como Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal se convierten en héroes y en víctimas. Carvajal es el mentor de Gonzalo Pizarro y el defensor de una sociedad nueva fundada en la alianza entre los incas y los conquistadores, opuesta a las pretensiones de la Corona. El plan fracasará y Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal serán ejecutados para servir de ejemplo. El capitán Sebastián Garcilaso de la Vega logrará in extremis pasar al campo de Su Majestad.

Túpac Amaru
En 1572 el virrey don Francisco de Toledo despacha a Vilcabamba, donde estaba refugiado el último inca rebelde, unas tropas al mando de don Martín García de Loyola. El inca es capturado y llevado encadenado a Cusco, donde es condenado a muerte y decapitado. Garcilaso ya no vivía en el Perú cuando tuvo lugar la ejecución, pero incluye este episodio en su Historia basándose en el relato que le hicieron sus amigos. Es, visiblemente, partidario del Inca Túpac Amaru y juzga con severidad al virrey Toledo, poniendo en boca de Felipe II las palabras siguientes: “Que Su Majestad no le había enviado al Perú para que matase reyes, sino que sirviese a reyes” (H VIII-10).

Los años finales
Decepcionado al no haber podido obtener el reconocimiento oficial de los méritos de su padre, el Inca ingresa en la orden terciaria hacia 1596 como simple clérigo, y hace votos de penitencia, pobreza y castidad. A comienzos del siglo XVII entra como mayordomo en el Hospital de la Inmaculada Concepción de nuestra Señora de Córdoba, en San Nicolás de la Villa, establecimiento especializado en el “morbo gallico” (sífilis). “Por tanto suplico a vuestra merced que me trate como a soldado que, perdido por la mala paga y tarde, se ha hecho estudiante”, carta del Inca Garcilaso a Juan Fernández Franco, 1593.

En setiembre de 1612 el Inca Garcilaso solicita la autorización del obispo de Córdoba para adquirir una capellanía destinada a acoger sus restos, preparándose para la muerte y la eternidad. Redacta su testamento, con numerosos codicilos, por el cual lega sus muebles y una pequeña renta anual de ochenta ducados a su concubina Beatriz de Vega, “mi criada”. Libera de su condición servil a Marina, una esclava morisca, y menciona también a tres criados, entre los que figura su hijo natural Diego de Vargas, a quien encarga la conservación de su sepultura. El Inca Garcilaso muere en Córdoba en la noche del 22 de abril de 1616 y su cuerpo es sepultado en su capilla de la mezquita-catedral de esa ciudad. En su tumba se inscribe este epitafio: “El Inca Garcilaso de la Vega, varón insigne, digno de perpetua memoria, ilustre de sangre, perito en letras, valiente en armas, hijo de Garcilaso de la Vega, de las casas ducales de Feria e Infantado, y de Elizabeth Palla, sobrina de Huayna Cápac, último emperador de Indias. Comentó La Florida del Inca, tradujo a León Hebreo y compuso los Comentarios Reales. Vivió en Córdoba con mucha religión, murió ejemplar; dotó esta capilla; enterróse en ella; vinculó sus bienes al sufragio de las ánimas del Purgatorio: son patronos perpetuos el Deán y Cabildo de esta Santa Iglesia”. Tres años después del deceso de su padre, Diego de Vargas es nombrado sacristán de la capilla de las Almas Benditas del Purgatorio.

Impacto y balance
Ningún libro sobre las civilizaciones indígenas americanas, excepto la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, del padre Las Casas, gozó de un éxito tan rotundo como los Comentarios Reales. Durante más de cuatro siglos la imagen de los incas será aquella que Garcilaso forjó en su obra. En Francia, los filósofos del Siglo de las Luces la utilizaron para denunciar el despotismo colonial y clerical. La edición ilustrada de 1714 inspira una de las tramas de la ópera de Jean- Philippe Rameau, Les Indes galantes. Hallamos un tono similar en la obra de Jean-François Marmontel (1777). En los debates revolucionarios de la convención sobre la colectivización de las tierras, los incas aparecen mencionados. Diez años después de la independencia de Estados Unidos, el poeta Joel Barlow llama a Manco Cápac “our western patriarch” y considera a los incas como la más noble de las civilizaciones.

En el Perú, el rebelde cusqueño José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II (1780-1781), tenía los Comentarios Reales en su biblioteca. El libro, considerado como subversivo por las autoridades, fue prohibido después de la ejecución de los rebeldes. Libertadores como San Martín y Manuel Belgrano contemplaron la posibilidad de restaurar la monarquía incaica garcilasiana y el sol de los incas se convirtió en uno de los símbolos de las nuevas repúblicas. En 1850 fueron publicados en París los Recuerdos de la monarquía peruana, de don Justo Sahuaraura, acompañados por una serie de dieciséis acuarelas. Este libro fue redactado a partir de los Comentarios Reales por un descendiente de Isabel Chimpu Ocllo y en él Sahuaraura retomaba una profecía insertada por Gabriel de Cárdenas en la edición de 1723, que anunciaba la redención de los incas.

A comienzos del siglo XX los ensayistas peruanos Luis E. Valcárcel y José Carlos Mariátegui retomaron esa visión idealizada del pasado inca para construir un mundo nuevo. En 1928, Louis Baudin publica L’Empire socialiste des Incas, en que enfatiza la importancia de la reciprocidad y la redistribución incaicas. Raúl Porras Barrenechea resume así el aporte de los garcilasistas peruanos: “Riva-Agüero lo considera como el tipo representativo de la inteligencia peruana en lo que esta tiene de ponderación clásica [...] Mariátegui lo considera como el primer peruano, entendiendo como tal al producto de las dos razas pero con predominio de lo español [...] Valcárcel ve los Comentarios como una Biblia india”.

En 1978, John V. Murra, la mayor autoridad de los estudios andinos de su época, hace un balance del aporte historiográfico de Garcilaso en estos términos: “El hincapié en los aspectos de bienestar proviene principalmente de Blas Valera y de la amplia difusión que tuvieron sus ideas al ser incorporadas a los muy leídos Comentarios Reales de los incas [...] Ambos adornan la historia inca haciéndola aparecer más larga y más gloriosa. Finalmente los dos exageran la paternal benevolencia del Estado inca hacia sus súbditos, confrontando este mito con la dura realidad en la que ambos crecieron [...] tal caracterización no significa que su impresión de que en la época del Tahuantinsuyo había una mayor responsabilidad comunitaria, étnica, por el bienestar individual sea completamente ilusoria [...] Fue la sociedad local, de carácter étnico, la que en la época del Tahuantinsuyo, como antes de la conquista incaica, continuó organizando los esfuerzos de sus miembros de un modo que asegurara el acceso de todos a los bienes estratégicos del grupo”.

Si a la luz de los avances de la investigación histórica los Comentarios Reales del Inca Garcilaso pueden ser objeto de algunos comprensibles reparos, ello no invalida, sin embargo, su impacto en el proceso formulador de la conciencia y las utopías americanas de los últimos cuatro siglos ni la validez de muchos de sus asertos, potenciados siempre por la excelencia del estilo. La mitificación del Tahuantinsuyo ha visto modificarse sus proyecciones ideológicas y el propio Inca Garcilaso ha sido sucesivamente elogiado, denostado, convertido en verdad escolar o en blanco de reproches, sin que por ello su obra deje de ser un referente cautivador e ineludible.

El Perú de hoy tampoco es, obviamente, el que nuestro autor dejó cuando emprendió en 1559 su viaje sin retorno a España. Si pudiera volver, seguramente apreciaría el complejo resultado de ese mestizaje que en su tiempo él encarnó como parte de una minoría que empezaba a multiplicarse y era vista como peligrosa y poco fiable, y que ahora resulta mayoritaria en la vida peruana, cargada de esperanzas no obstante los problemas que debe aún remontar. El Inca Garcilaso quiso en particular que sus Comentarios Reales sirvieran para valorar la riqueza cultural de sus ancestros incas y lo logró; con el mismo talante, de seguro apreciaría lo avanzado ahora en la valoración de otras expresiones culturales originarias, que sustentan también la riqueza del caleidoscopio de la diversidad cultural peruana y americana. Su combate contra los prejuicios y la discriminación, no obstante las limitaciones de su época y de su propia perspectiva, se vería sin duda fortalecido en el presente, donde su obra sigue ejerciendo una especial fascinación en quienes se embarcan en su lectura. La vigencia de su mensaje integrador queda resumida en la dedicatoria de la segunda parte de su obra cumbre:

“A los indios, mestizos y criollos de los reinos y provincias del grande y riquísimo Imperio del Perú, el Inca Garcilaso de la Vega, su hermano, compatriota y paisano, salud y felicidad”.


* Antropóloga e historiadora. Es profesora emérita de la Universidad de París X y miembro del Instituto Universitario de Francia. Es autora de, entre otras obras: Un inca platónico, Garcilaso de la Vega (1539-1616), Ediciones Fayard, 2006.



CRONOLOGÍA DEL INCA GARCILASO DE LA VEGA

1532 Francisco Pizarro y sus huestes emprenden la conquista del Perú.
1533 Ejecución del inca Atahualpa en Cajamarca el 29 de agosto. Llegada de los españoles al Cusco, en noviembre.
1534 Fundación de la ciudad española de Cusco en marzo.
1535 Fundación de de la Ciudad de los Reyes (Lima) el 18 de enero.
1539 Nace en el Cusco Gómez Suárez de Figueroa, futuro Inca Garcilaso. En 1541, F. Pizarro es asesinado en Lima por el hijo de Diego de Almagro y sus partidarios.
1544 Inicio de las guerras de los “encomenderos” contra las “Leyes nuevas” de la Corona, que limitaban sus privilegios.
1545 Ejecución del virrey Blasco Núñez de Vela por Gonzalo Pizarro.
1548 Ejecución de Gonzalo Pizarro.
1549 Boda del capitán Sebastián Garcilaso de la Vega con la española Luisa Martel.
Carlos V prohíbe a los mestizos ilegítimos ejercer cargos públicos, salvo derogación especial.
1551 Pacificación del territorio. Celebración del Primer Concilio Provincial en Lima.
Control de las prerrogativas de los “encomenderos” por la administración de la Corona. Llega al Cusco el virrey don Antonio de Mendoza.
1559 Muerte de Sebastián Garcilaso de la Vega en el Cusco. Partida de Gómez Suárez a España.
1561 Llegada de Gómez Suárez de Figueroa a
Montilla. Aconsejado por su tío don Alonso de
Vargas, cambia su nombre por el de Garcilaso de la Vega.
Viaja a Madrid. Presenta ante la corte del  rey Felipe II una demanda de reconocimiento por los servicios prestados por su padre a la Corona, considerada improcedente.
1570 Al llamado de Alonso Fernández de Córdoba, marqués de Priego, deja Montilla y participa en la guerra contra los moros, en las Alpujarras, bajo la bandera de Juan de Austria. Obtiene el grado de capitán.
Se consagra a las letras y se relaciona con historiadores y anticuarios andaluces, como Ambrosio de Morales, así como con los jesuitas.
1572 Ejecución del Inca Túpac Amaru en el Cusco, por orden del virrey Toledo.
1590 Aparición de la traducción al español de los Diálogos de amor, de León el Hebreo, firmada con su nombre de pluma, Garcilaso Inca de la Vega.
1591 Se establece en Córdoba.
1596 Redacción de la Genealogía de Garci Pérez de Vargas escrita por su descendiente Garcilaso de la Vega, llamado el Inca, concebida originalmente como un prólogo de La Florida del Inca. Ese mismo año los ingleses invaden el puerto de Cádiz e incendian el colegio de los jesuitas. Algunos documentos se rescataron del desastre, entre ellos los apuntes de Blas Valera sobre los incas, que fueron remitidos a Garcilaso.
1606 Publicación de La Florida del Inca. Historia del adelantado Hernando de Soto... y de otros heroicos caballeros españoles e indios en Lisboa, editada por Pedro Crasbeek.
1609 Publicación de los Comentarios Reales en Lisboa, editada por Pedro Crasbeek.
1616 Muere el Inca Garcilaso en Córdoba, la noche del 22 de abril. Es enterrado en la mezquita de esa ciudad. El mismo día muere en Madrid Miguel de Cervantes y al día siguiente (del calendario juliano, pues en el gregoriano sería el 3 de mayo) fallece William Shakespeare en Stratford-upon-Avon, Inglaterra.
1617 Aparece la Historia general del Perú, Córdoba, edición póstuma por la viuda de Andrés Barrera.
1625 Observations of Things Most Remarkables, Collected Out of the First Part of the Comentaries Royal written by Inca Garcilaso de la Vega. Edición de Samuel Purchas, His Pilgrimes, London.
1633 Traducción al francés de los Comentarios Reales, con el título de Le Commentaire royal ou l’Histoire des Yncas, Roys du Pérou escritte en langue péruvienne par l’Ynca Garcilaso de la Vega, natif de Cuzco, fidellement traduite sur la versión espagnolle par J. Baudoin, París, Auguste Courbé, editor.

PERFILES MESTIZOS

La reedición en España de dos clásicas obras del Inca Garcilaso, y una serie de recientes publicaciones en torno a la vida del conquistador Francisco Pizarro y su hija primogénita, ponen en relieve el complejo y difícil proceso del mestizaje peruano, componente mayoritario de nuestra diversidad cultural. El mestizaje –resumido en la conocida frase de Ricardo Palma, que a fines del siglo XIX afirmaba ya que en nuestro país «quien no tiene de inga tiene de mandinga»– ha dejado de ser una fórmula única de integración para privilegiar el respeto al otro y la fecundidad de lo plural. Aquí, una selección de estimulantes lecturas.

LA RECEPCIÓN DEL
INCA GARCILASO
Mercedes López-Baralt

Garcilaso pudo disfrutar en vida del reconocimiento inicial de su obra. Sus coetáneos celebraron al Inca, ya citándolo, ya honrándolo: Bernardo de Aldrete en 1606 y en 1614, Francisco de Castro en 1611; Fernández de Córdoba en 1615. Y aunque Garcilaso jamás mencionó a los grandes escritores españoles de su tiempo, ni a Cervantes ni a Góngora ni a Lope, Cervantes sí conoció los Comentarios reales y los empleó como una de las fuentes del Persiles; también cita a León Hebreo según la traducción del Inca en una parodia que hace de estos diálogos en La Galatea, de acuerdo a Pupo-Walker. Como dato curioso, este estudioso cita a Porras Barrenechea, quien en El Inca Garcilaso en Montilla (1955) afirma que Garcilaso y Cervantes coincidieron accidentalmente allí y que posiblemente el Inca tuvo que comparecer ante el autor del Quijote cuando éste recaudaba fondos para la Corona.

No hay duda de que los Comentarios reales no tardaron en acceder al canon. En el tercer acto de El Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón, Lope de Vega reescribió una anécdota de las que cuenta Garcilaso en los Comentarios. Antonio Herrera también reelaboró textos del Inca. En el Carnero, de 1637, Juan Rodríguez de Freyle inserta materiales de los Comentarios. Lo mismo hace Bartolomé Arzans de Ursúa en su Crónica Imperial de la villa de Potosí de 1678. Y en sus Tradiciones peruanas, Ricardo Palma recrea el episodio de Aguirre, de la Historia General del Perú, en su relato «Las orejas del alcalde».

Flores Galindo (1986) dice que los Comentarios reales no fueron muy exitosos, en términos editoriales, al morir Garcilaso, pero que en los próximos siglos las ediciones fueron en aumento. Hay diecisiete ediciones entre los siglos XVII y XVIII: diez en francés, cuatro en español, dos en inglés y una en alemán. A través de la aristocracia indígena Garcilaso se inserta en la cultura oral, de ahí la prohibición de los Comentarios reales en 1872 por entender la Corona que fomentaba la sublevación indígena. En efecto, parece que las autoridades españolas reconocieron el peligro de la afirmación de Garcilaso sobre la injusticia de la decapitación de Túpac Amaru y su legitimidad como gobernante de los incas.

En «Túpac Amaru y la prohibición de los Comentarios reales», Daniel Varcálcel (1961) explica cómo a casi dos siglos de distancia el Inca logró influir en la sublevación del segundo Túpac Amaru. Un grupo selecto de conspiradores, indios y mestizos cusqueños, se fortalecía espiritualmente con la lectura de los Comentarios, que fomentaba José Gabriel Condorcanqui en sus reuniones. Desde Aranjuez, Carlos III prohibió y mandó a recoger los ejemplares existentes de los Comentarios reales como castigo por haber inspirado la revuelta, en un documento dirigido al virrey Jáuregui el 21 de abril de 1782, uno de cuyos pasajes rezaba: «Ygualmente quiere el Rey que con la misma reserva procure vuestra Excelencia recoger sagazmente la Historia del Ynga Garcilaso, donde han aprendido esos naturales muchas cosas perjudiciales». El peso político de los Comentarios reales para la realización de la utopía de la independencia fue justamente calibrado por el general San Martín, quien reclamó en Córdoba, Argentina en 1814, su reedición. [...]

Desde su aparición en 1609 los Comentarios reales fueron leídos como texto histórico; no hubo en su momento el más mínimo intento de cuestionar la veracidad de los hechos en él narrados. Durante los siglos XVII y XVIII Garcilaso se convirtió en la autoridad indiscutible sobre la cultura incaica. Con el advenimiento de la historiografía positivista, el estudio del texto se enfocó desde el debate entre la historia y ficción, y varios historiadores importantes pusieron en duda la veracidad del libro. En The History of América (1777), William Robertson le critica el empleo de fuentes secundarias, tanto como su incapacidad para distinguir la realidad de la fantasía. Por su parte William Prescott (History of the Conquest of Peru, 1847) apunta a su egocentrismo y su tendencia a la chismografía. En 1905 Menéndez y Pelayo, como hemos visto, catalogaba los Comentarios como novela, aun cuando lo valoraba de manera entusiasta, al entenderlo como «el libro más genuinamente americano que en tiempo alguno se ha escrito, y quizá el único en que verdaderamente ha quedado un reflejo del alma de las razas vencidas». [...] En el Perú, Manuel Gonzáles de la Rosa, a quien ya hemos mencionado, lo acusa en 1912 de plagiar a Blas Valera. José de la Riva-Agüero inicia en 1916, como vimos, con su «Elogio del Inca Garcilaso», la revalorización del Inca como historiador. Desde ese momento, sus principales exégetas –entre ellos, Luis Alberto Sánchez, Porras Barrenechea, Miró Quesada y Durand– han apoyado la historicidad de los Comentarios reales, aun cuando admitan la parcialidad del Inca en su idealización del linaje materno. [...]

Hoy los Comentarios reales han quedado consagrados tanto como fuente primaria para la antropología y la historia del mundo andino, como para las letras hispanoamericanas. Lo manejan con confianza importantísimos andinistas: antropólogos como John V. Murra, Tom Zuidema y Pierre Duviols e historiadores como Raúl Porras Barrenechea, Franklin Pease y Juan M. Ossio. Se ocupan de su prosa literatos del calibre de José Durand, Aurelio Miró Quesada, José Juan Arrom, Enrique Pupo-Walker, Margarita Zamora, Roberto González Echevarría y Julio Ortega. Pero quizá la consagración mayor venga de tantos lectores entusiastas que mantienen viva, y sobre todo joven, la obra del Inca al filo de su cuatricentenario.

TRUJILLO Y SU HISTÓRICA PILETA.


   La Plaza Mayor durante la segunda mitad del siglo XIX albergó a la pileta de mármol que en la actualidad se encuentra en la Plazuela el recreo. Dicha pileta fue donada por don Pedro de Madalengoytia y Sanz de Zárate. Esta fue labrada en la hacienda Santa Cruz de Carabamba  del señor Madalengoytia y trasladada desde allí hasta Trujillo para su instalación en la plaza mayor en el año 1841. La función de la pileta no fue solo ornamental, pues su fin primordial era abastecer de agua potable a los pobladores.

Vista panoramica de la pileta en el centro de la Plaza Mayor de nuestra ciudad.

Fotografía tomada al nivel de la Plaza Mayor, donde se visualiza la pileta.
Fotografía de la pileta, pero esta vez ya ubicada en la Plazuela El Recreo en donde se mantiene desde el año1925, para ceder su lugar al monumento de La Libertad.
        
LA PILETA EN LA ACTUALIDAD.     
Lamentablemente al día de hoy este monumento trujillano ha sido descuidado. Indudablemente la pigricia de la actual gestión municipal está contribuyendo galopantemente al deterioro de nuestros monumentos.